Tratamiento de la obesidad y el sobrepeso

En la actualidad, una elevada proporción de personas con sobrepeso real o aparente y la práctica totalidad de obesos se han sometido a algún procedimiento terapéutico para perder su exceso de peso.

Casi siempre éste se realiza sin control médico, utilizando procedimientos las más de las veces dudosos, pero siguiendo, en otros casos, los métodos recomendables y canónicos. En la inmensa mayoría de los casos no se consigue un resultado permanente y en una alta proporción de situaciones el organismo queda dañado en grado variable. De los procedimientos seguidos de un modo más habitual destacan las dietas que casi siempre consiguen hacer perder peso a costa de recuperarlo poco después. Pero hay otros muchos procedimientos que la desbordada imaginación del hombre ha creado para combatir las grasas superfluas. Además de las dietas se dispone de procedimientos quirúrgicos, farmacológicos, psicológicos y de otros muchos de dudosa efectividad incluso aparente que podemos englobar dentro del grupo de procedimientos o tratamientos mágicos.
Hay dos grandes tipos de tratamientos quirúrgicos: los destinados a la eliminación directa de masas de grasa y los que están destinados a limitar la ingestión o absorción de los alimentos. En el primer grupo tenemos la resección de amplias zonas de tejido subcutáneo y la liposucción, o eliminación de tejido subcutáneo en áreas determinadas mediante el empleo de una sonda que arrastra el tejido blando de los lugares a los que el médico la dirige. Estos métodos son de efectividad limitada y de aplicación esencialmente estética, pues la cantidad de grasa que se puede extraer de este modo es muy limitada al actuar sólo sobre grandes masas de grasa subcutánea.
La unión con alambre de las mandíbulas es un procedimiento que limita fuertemente —pero no impide— el acceso a la comida ya que al no poder masticar sólo pueden ingerirse alimentos líquidos. Esta fijación consiste en pegar a dos molares, uno de la mandíbula inferior y otro de la superior, un par de bucles pequeños de acero inoxidable, por los que el estomatólogo pasa un tercer alambre, que retuerce y que así deja sólo un juego limitado entre las mandíbulas. No es un procedimiento recomendable ya que limita el funcionamiento de la cavidad bucal, produce aftas e irritaciones y pueden conseguirse los mismos efectos con la abstención voluntaria a la hora de ingerir alimento. No es un sistema útil porque puede ser fácilmente superado —libando con fruición batidos, caldos, bebidas azucaradas, etc.— y porque no puede ser utilizado de modo indefinido.
La limitación de la ingesta puede conseguirse también mediante cirugía bariátrica —es decir, la encaminada a favorecer la pérdida de peso—. Uno de los procedimientos más utilizados es el grapado del estómago. Se cose éste longitudinalmente y se limita aún más el espacio disponible con una banda elástica o algún otro procedimiento que reduce el volumen efectivo del estómago a unos 50 mi, el equivalente de una tacita de café. Las personas así operadas —el estómago puede reconstituirse simplemente desgrapándolo— no pueden tomar una gran cantidad de alimento, más bien lo contrario, ya que con apenas un par de bocados ya tienen el estómago lleno, no tienen hambre y deben esperar a que se vacíe para poder volver a comer. Este tipo de intervención requiere una importante preparación psicológica y una intensa habituación, pero constituye uno de los pocos procedimientos actuales que permite hacer perder peso de modo significativo a algunos enfermos al borde de la invalidez. No es un buen método,
pues tiene secuelas desagradables y un porcentaje nada desdeñable de fracasos, pero permite mejorar la calidad de vida de enfermos desahuciados por su extrema obesidad. Con este tipo de cirugía se mantiene la integridad del intestino y la disminución de peso es importante ya que hay casos en los que se han perdido más de 100 kg a lo largo de más de un año, pero llega un momento en que el peso se estabiliza e incluso empieza a recuperarse a largo plazo. El problema es que el punto de estabilización no es directamente predecible y el peso se puede estabilizar tras haberse perdido sólo 15 kg o tras haberse perdido más de 100 kg. Sin embargo, reducciones de 30 a 50 kg son suficientes en muchos casos para pasar a recuperar algo de movilidad, a pesar de los inconvenientes de un estómago de tamaño muy reducido .
Otro tipo de cirugía bariátrica consiste en la eliminación de parte del estómago o intestino o en la unión directa de una porción superior del intestino delgado al intestino grueso, dejando el resto del intestino en su lugar, pero sin conexión con el estómago. Con este procedimiento quirúrgico lo que se consigue es que los alimentos no puedan ser digeridos totalmente y, especialmente, que no se puedan absorber los nutrientes liberados en esta digestión más que en una mínima proporción. Este tipo de actuaciones conduce indefectiblemente a la aparición de sintonías de malnutrición, de déficit de nutrientes, en especial de micro nutrientes; aunque si se advierten pueden corregirse con suplementos alimenticios masivos o con la administración de estos complementos mediante inyecciones. Su eficacia a largo plazo resulta comprometida por las complicaciones de disponibilidad dutricional, a falta de reciclado de sales biliares y la presencia de alimentos utilizables en el intestino grueso, con problemas adicionales de control de la flora y de agresión a dicho intestino.

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