Quesos poco grasos

Lo sano puede ser también sabroso. Y para muestra, un botón: los quesos tiernos o frescos son un alimento muy rico, además de ligero.
dietaEl queso es uno de los alimentos más completos que existen. Hay muchas variedades, así que te será fácil encontrar uno que te guste. Por eso no es de extrañar que este sea uno de los alimentos más consumidos en nuestro país. Los semicurados y curados son los preferidos por los españoles, pero tienen la desventaja de que contienen abundante grasa. Por eso, te proponemos recurrir a las variedades más sabrosas y ligeras, que también las hay. Un buen ejemplo son los quesos frescos, más digestívos y bajos en grasa y sodio que los curados, por lo que pueden incluirse también en dietas de adelgazamiento y tampoco plantean problemas en caso de hipertensión (si se toman las versiones sin sal) o colesterol.

Nutrientes muy valiosos

Al ser un producto que proviene de la leche (oveja, vaca, cabra o una mezcla de alguna de ellas), la composición del queso es muy similar a la de esta: Aporta proteínas, calcio, fósforo y varias vitaminas, en especial A, nutrientes muy importantes en determinadas etapas como la infancia, el embarazo o la menopausia.
Tiene la ventaja de que, como norma general, los nutrientes del queso se asimilan y aprovechan mucho mejor que los de la leche, gracias a la fermentación producida por las bacterias ácidolácticas y el cuajo. El inconveniente es el elevado aporte graso y energético de la mayoría de quesos, lo que obliga a consumir este tipo de producto en cantidades moderadas.

Los más ligeros

• Quesos frescos: Esta variedad se obtiene a partir de leche generalmente de vaca. El más popular de todos es el queso de Burgos. El hecho de que sea fresco significa que no se ha dejado madurar y por eso gran parte de su contenido es agua (el 70%). Al llevar un porcentaje tan elevado de líquido no se conserva durante mucho tiempo, así que debe consumirse en el plazo máximo de una semana. Es fácil de digerir y aporta aproximadamente 200 calorías por cada 100 gramos de producto.
• Requesón: Es uno de los lácteos más recomendables y ligeros. Se asimila muy fácilmente y aporta tan solo 4 gramos de grasa por cada 100 gramos y unas 100 calorías (la mitad que el queso fresco y casi 8 veces menos que uno semicurado). Resulta adecuado tanto para combinar con platos salados (ensaladas o cremas frías) o dulces (con fruta o con un poco de miel).
• Mozzarela: Esta variedad de origen italiano es muy popular por ser la que se toma fundida en las pizzas (aunque por su sabor suave es adecuada para muchos platos). Es de color blanco amarillento y de textura fina. Según la receta tradicional, se elabora con leche de búfala, pero resulta más calórica (245 kcal por 100 g). Mientras que la de leche de vaca es más ligera (197 kcal por 100 g) y con un sabor un poco más suave.
• Quark: Se trata de un queso fresco de origen alemán, algo ácido y de textura cremosa. Se obtiene a partir de leche de vaca desnatada, por lo que es poco energético (100 kcal por 100 g), aunque hay variedades con frutas y azucaradas más calóricas.
• Cottage: Es parecido al queso de vaca fresco. Muy popular en América, está elaborado con leches desnatadas, lo que hace de esta variedad un alimento muy suave: su contenido de grasa es menor del 2% y 100 gramos aportan aproximadamente 146 calorías.

Versión light

Es cierto que el contenido graso de estos quesos dista mucho de las calorías de un manchego o un camembert francés. Sin embargo, no olvides que este alimento es de por sí energético y en cualquier caso debes moderar su consumo, sobre todo si estás a dieta. Si es así, puedes escoger la opción light de cualquiera de ellos. Actualmente, en el mercado encontrarás desde queso de Burgos hasta mozzarela en su versión baja en grasas. Aún así, recuerda que “light” no significa que adelgace, por lo que no debes abusar del queso sea cual sea tu elección.

Este tipo de quesos contiene gran cantidad de agua, por eso son mucho más ligeros

Del extragraso al 0% de materia grasa

Las diferencias entre un queso fresco, uno tierno y uno curado están en la textura y en el sabor, pero sobre todo en el contenido graso. En el curado puede superar el 60%, mientras que en el fresco es de un 10% y en el requesón solo hay un 5%. La razón reside en que los quesos curados se someten a un proceso de maduración por el que disminuye el porcentaje de agua y aumenta el de grasa. Actualmente también se pueden encontrar distintas versiones de un mismo queso: semidesnatada (contiene entre 10 y 25 g de grasa por 100 g), desnatada (la cantidad es inferior a 10 g) y con un 0% de materia grasa (el contenido es prácticamente nulo).