Infecciones por hongos

Prevenirlas y curarlas

La subida de temperaturas y el aumento de la humedad durante los meses de verano facilitan que los hongos proliferen en la piel y las mucosas. A veces cuesta combatirlos y se dan repeticiones por ello la prevención es básica en esta época.

En nuestro organismo habitan un buen número de hongos que, bajo determinadas condiciones, pueden provocar infecciones llamadas micosis. Las más habituales son las superficiales que, o afectan a la piel y sus anexos (uñas, pelo) y se denominan dermatomicosis, o inciden sobre las mucosas. En verano, cuando hace más calor y aumenta la humedad, algunas de ellas se hacen más persistentes.

En las uñas

Conocida como onicomico-sis, esta infección está causada por hongos distintos según se trate de las uñas de las manos (candidas) o de los pies (dermatófitos). La del dedo gordo del pie suele ser siempre la más afectada.
FALSO. Es solo un problema estético. Ocurre así en los pies pero no en las manos, donde el dolor puede impedir la manipulación de objetos pequeños (un alfiler, por ejemplo).
VERDADERO. Sus síntomas pueden ser debidos a otras enfermedades. En las manos, la uña solo modifica su color y, a veces, la piel que la envuelve también se infecta (perionixis) y se inflama dolorosamente. En los pies, se dan cambios de tonalidad, grietas o estrías, incluso puede tener aspecto de estar podrida pero, por lo general, no suele haber dolor. Es importante no automedicarse porque, a veces, los mismos síntomas pueden responder a psoriasis o deficiencias vitamínicas, entre otros trastornos.
FALSO. Extraer la uña es una buena solución. Hacerlo puede provocar un daño irreversible en la matriz ungueal (donde nace). Además, el hongo permanecería en la base y la nueva estructura se infectaría también.

En la vagina

El 75% de las mujeres las padecen alguna vez. Las provocan unos hongos denominados Cándidas y se manifiestan con flujo de color anormal, ardor o relaciones sexuales dolorosas.
VERDADERO. La favorecen ciertos medicamentos. El consumo prolongado de antibióticos o los anticonceptivos orales, por ejemplo, alteran los organismos naturales de la vagina, facilitando la infección. Como ocurre si hay una higiene excesiva con jabones muy ácidos, si se usa ropa interior de tejidos sintéticos o vaqueros muy ajustados, o si se lleva puesto demasiado tiempo el bañador húmedo.
FALSO. Siempre se cura. De hecho, es habitual que se cronifique. Los tratamientos reducen los síntomas y logran eliminar la mayoría de patógenos pero también es frecuente que algunos se queden adheridos a la mucosa vaginal, volviendo más tarde a actuar.
VERDADERO. Ser diabética predispone a la candidiasis. Es así porque, además de que el sistema inmunitario está alterado, aumenta el azúcar en las secreciones vaginales, de las que se alimentan los hongos. También son más propensas las embarazadas, por los cambios químicos que se producen durante la gestación, y estos hongos pueden complicar los embarazos.
FALSO. Los hombres no sufren nada parecido. La infección por hongos en los genitales masculinos (balanitis) existe (se inflama el glande, hay prurito en el pene…), aunque es menos frecuente y en un gran porcentaje provocada por contagio de la mujer.

El pie de atleta

La infección por hongos en el pie, siempre provocada por los de tipo dermatófito, se conoce como “pie de atleta” porque es común entre los deportistas. Prolifera cuando confluyen, sobre todo, calor y humedad, por lo que en verano, con temperaturas elevadas y más visitas a las piscinas (con duchas comunitarias), aumentan el número de casos. Puede darse en la planta, que es la que contacta con el suelo donde hay escamas infectadas, pero se da sobre todo entre los dedos porque es donde más humedad se acumula (por el sudor o porque no hay un buen secado) y puede extenderse por todo el pie. Provoca un sarpullido rojo con muchísimo picor, ampollas y/o inflamación.
VERDADERO. Se contagia a las uñas de las manos. Puede suceder porque el comezón que provoca hace que el afectado no deje de rascarse y luego se pasa a otras áreas.
FALSO. Es difícil que se dé una infección secundaria. Pasa con frecuencia, sumándose a la infección por hongos. Si el paciente no deja de rascarse, se abre una herida y las bacterias aprovechan para provocar una sobreinfección bacteriana. El cuadro se complica.

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