Incontinencia urinaria

Uno de los secretos mejor guardados de la mujer

Rara vez constituye un problema grave pero las mujeres normalmente encuentran que resulta demasiado difícil de llevar.
salud femeninaMuchas mujeres no hablan de ello, ni siquiera a los médicos. Resulta embarazoso. Piensan que es un problema inaceptable y prefieren ocultarlo en vez de enfrentarse a él.
A pesar de todo, la realidad es que existen muchos motivos médicos de por qué los adultos pueden tener pérdidas vesicales, situación que se conoce como incontinencia urinaria.
Es además un problema más común de lo que se puede pensar. Afecta a millones de adultos. Y las mujeres —principalmente debido al parto y al diseño de su sistema urinario— superan en número a los hombres en una proporción de cinco a uno.
De modo que ¿por qué el estigma? Porque mojarse las braguitas es algo que hacen los bebés; no lo pueden evitar. Pero a veces los adultos tampoco lo pueden evitar.
Un síntoma, no una enfermedad
Existen principalmente dos tipos de incontinencia. La más común es la incontinencia de esfuerzo, fuga de orina que se puede producir al toser, reír, hacer ejercicio o cargar peso. En un estudio realizado con 326 pacientes de ginecología, en la Universidad de Michigan, el 47 por 100 de las mujeres se quejaba de incontinencia de esfuerzo. El otro tipo se denomina incontinencia por urgencia, una necesidad incontrolable de orinar que provoca «un accidente». Entre el 40 por 100 y el 70 por 100 de las mujeres que presentan incontinencia de esfuerzo tienen también incontinencia por urgencia, según las estadísticas.
Existen múltiples causas posibles de incontinencia. Pero es importante recordar que la incontinencia no es una enfermedad. Es un síntoma de un trastorno subyacente que afecta a la vejiga. Precisa una evaluación médica». Ignorarlo sólo ayuda a empeorar algo que podría ser fácil de controlar.
Las mujeres que han tenido hijos pueden tener problemas de incontinencia. El embarazo debilita los músculos pudiendo provocar una caída vesical fuera de su posición normal. La falta de estrógeno después de la menopausia puede producir una irritación uretral, orificio por donde se orina. Ciertas infecciones urinarias y renales y determinados medicamentos pueden ser origen también del problema. Incluso la tensión emocional puede ser un factor.
Lo que no es la incontinencia, es una enfermedad de la vejez. Aunque es más frecuente entre personas mayores, estudios realizados muestran que el 31 por 100 de las mujeres menopáusicas —aquellas mayores de 40 años o incluso más jóvenes— tienen algún grado de incontinencia de forma regular.
Silencio mayoritario
La incontinencia a menudo empieza como pérdida de algunas gotas de orina de vez en cuando. Y para muchas no resulta gran cosa. Pero es muy normal que la situación empeore progresivamente con el tiempo. Las mujeres me dicen que tienen incontinencia durante 12 o 20 años, o más, y que sólo en los últimos tres meses se ha convertido en un “problema”. Por supuesto que lo que constituye un problema varía de una mujer a otra. Para algunas cualquier fuga resulta intolerable. Otras, en cambio, no desean tratarse incluso cuando tienen problemas grandes.
Sin embargo, incluso cuando a las mujeres les trastorna el problema, es raro que busquen consejos médicos. En estudio sólo el 25 por 100 de las mujeres estudiadas habían comentado a su médico la incontinencia. Otros estudios, en cambio, dicen que el porcentaje es menor. Según otro experto, 1 de cada 12 personas ni siquiera se lo mencionan a su médico. Esto sólo contribuye a que resulte más difícil vivir con ello.
Situaciones embarazosas
Las historias de horror abundan. Las revistas médicas informan que la incontinencia contribuye a la depresión, aislamiento social, sentimiento de autoestima baja y ansiedad. Una mujer dijo, por ejemplo, que no fue a la boda de su nieta porque temía que se le escapase la orina y provocar una situación violenta. Otra dijo que había dejado de mantener relaciones sexuales debido a las fugas.
Una mujer que trabajaba para una agencia inmobiliaria y tenía que estar en su coche mostrando casas todo el día. Su trabajo y su vida giraban en torno a dónde estaba el servicio y cuánto tiempo podía esperar antes de necesitar uno. Había momentos en los que realmente sufría accidentes delante de sus clientes. Resultaba terrible. Terminó por dejar el trabajo.
Aunque la turbación puede constituir gran parte del silencio, otro motivo por el que muchas mujeres no plantean el problema es que piensan que es intratable. La realidad es que la incontinencia sí se trata, ahora más que nunca.
Tratamientos efectivos
El 50 por 100 de las personas incontinentes pueden curarse por completo, el 30 por 100 mejorar mucho y el resto lograr sentirse más cómodas. Se trata de determinar la causa de la incontinencia y aportar luego el tratamiento apropiado. A menudo si se trata la causa subyacente se cura la incontinencia.
Las medidas de ayuda personal, incluidos los ejercicios de Kegel pueden ser de gran ayuda y merece la pena probarlas. El biofeedback, que utiliza sensores electrónicos que detectan alteraciones en la temperatura corporal y tensión muscular, ha demostrado ser de utilidad curando el problema en la mayoría de las personas que lo han probado. En los casos más agudos están indicados fármacos, incluso una cirugía menor. La cirugía tiene un 90 por 100 de éxito.
Los médicos generalmente empiezan con métodos conservadores, y en caso de fracasar, cambian entonces a otros más invasivos. Lo más importante es que el médico haga una evaluación apropiada y comente las opciones que cada uno tiene.