Girona medieval

Girona es un armónico compendio de grandes atractivos: en unas pocas calles se pasa de su espléndido barrio judío a su catedral, ubicada en un punto elevado de la ciudad, y cuya nave gótica es la más ancha de Europa. Visitarlos baños árabesy subir a la muralla carolingia, que ofrece una panorámica inmejorable sobre el casco antiguo son otras dos formas de conocer el pasado de esta ciudad catalana.

girona

Calleja de la Girona medieval

Su ubicación estratégica, a solo cien kilómetros de Barcelona, cercana a la frontera con Francia y a pocos minutos de la costa mediterránea, ha hecho de ella una encrucijada histórica.
De ahí su rico patrimonio y su intensa vida cultural. Además, el encanto de su fachada urbana, que se asoma al espejo del río Onyar, se combina con un inquieto calendario artístico, como se aprecia en el festival de teatro Temporada Alta, que en los últimos años se ha convertido en uno de los más importantes de España.
Una buena opción es empezar en la catedral de Santa María, cuya majestuosa fachada barroca fue acabada en 1730. El interior muestra los estratos de su larga historia, desde que se empezó a construir en el siglo xi en estilo románico, del que se conserva el claustro. Pero la nave central, del XIII, es de un gótico esplendoroso, ya que sus casi 23 metros de ancho la sitúan entre las más grandes del mundo en ese estilo.
El museo catedralicio guarda una de las joyas más valiosas del simbolismo medieval, el Tapìs de la Creaciò, del siglo XII. Junto a la Catedral se erige el Palacio Episcopal, un edificio del siglo X con aspecto de fortaleza que enla actualidad aloj a el interesante Museu d’Art.

Incursión en el Call

La escalinata barroca que baja desde la Catedral deposita en el corazón del casco viejo y en el Call, el antiguo barrio judío. Este sector es sin duda, uno de los grandes atractivos de la visita a Girona. En primer lugar, por la seducción de ese laberinto de calles estrechas con sus casas de piedra y patios porticados confuentesy enredaderas, que conservanintacto su sabor medieval. Pero también porque, en los últimos años, se ha emprendido un cuidadoso rescate de ese rico legado.
El Centre Bonastruc ça Porta ubicado en la calle La Força, la principal arteria del Call, alberga el Instituto de Estudios Nahmánides y el Museo de Historia de los Judíos. Su visita permite apreciar todos los aspectos de la vida de aquella numerosa comunidad, desde sus vestimentas hasta documentos de sus actividades intelectuales y comerciales, objetos vinculados al culto religioso, elementos de orfebrería y herramientas de artesanos.
El museo ha incorporado recientemente un documento de gran valor: una ketubá -contrato matrimonial en el que se especifíca los compromisos de cada contrayente-, escrita en hebreo y que data del siglo XIV. El centro ocupa un conjunto de edificios medievales en el lugar donde se localizaba una de las tres sinagogas que centralizaban la vida religiosa de la comunidad judía.

Conventos y palacios

calle la Força, Girona

calle la Força, Girona

En la misma calle La Força se encuentra el Museu d’História de la Ciutat, una casona medieval que pasó a ser convento capuchino de San Antonio en 1753.
Siguiendo por la calle Ciutadans aparecen otros palacios medievales, como la Fontana d’Or, del siglo XIII y sede de un centro cultural dedicado a exposiciones de arte.
La mejor ocasión para admirar esos edificios se ofrece en mayo, cuando la ciudad celebra el Temps de Flors-la otra gran fiesta es Sant Narcís, en octubre-, que durante algo más de una semana inunda calles, iglesias, patios y plazas con demostraciones florales, creadas por artistas de distintas especialidades y prestigio nacional e internacional.

Cocina de mar y monte

Si se toma rumbo al río se alcanza la Rambla de la Llibertat, núcleo de la vida social y comercial de la ciudad. Los bajos de edificios medievales aloj an comercios, mientras que en los soportales se instalan terrazas de bares y restaurantes, idóneos para descubrir la gastronomía local. La cercanía de la Costa Brava proporciona pescado y marisco fresco, que pueden degustarse en platos como el arroz mar i muntanya, combinados con carne de cerdo, conejo y pollo.
A pocos pasos de la Rambla de la Llibertat corren las aguas del río Onyar. Desde cualquiera de los puentes que lo cruzan se puede concluir la visita con una perspectiva única sobre las fachadas amarillas, naranjas y doradas délas casas que se asoman al río.

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