Elimine los azúcares

Debería venir acompañado de una advertencia para la salud, igual que los cigarrillos, ya que puede ser peligroso si se consume en grandes cantidades. Con la cantidad que se añade en la mayoría de los alimentos, se nos podría perdonar por creer que el azúcar es un ingrediente indispensable en nuestra dieta: ¡nada más lejos de la verdad!

La epidemia de azúcar

El azúcar, nos referimos a la sucrosa o sacarosa, que incluye los azúcares procesados, como el azúcar refinado blanco y el azúcar de caña, tiene un IG alto, de 70. Es uno de los alimentos más perniciosos que puede consumir. Durante decenas de miles de años el hombre vivió muy alegremente sin él. El uso bastante indiscriminado del azúcar ha evolucionado en menos de 200 años: es decir, a lo largo de cinco o seis generaciones. Es inconcebible que el cuerpo humano pudiera adaptarse con la suficiente rapidez a los niveles perpetuamente altos de azúcar en sangre asociados con un cambio tan radical en la dieta.
Además, la situación ha empeorado en los últimos 50 años, a medida que otros alimentos con un IG alto se han añadido a nuestra dieta. Como resultado, un creciente número de personas se está encontrando con que su maltrecho páncreas no está preparado para afrontar las exigencias de una dieta actual con un IG alto. Esta situación ha contribuido a que haya una creciente proporción de la población que tiene que combatir la obesidad.

¿Qué pasa con la miel?

La miel es a veces presentada como una alternativa saludable y aceptable con respecto al azúcar, ya que es un edulcorante natural. No obstante, al igual que el azúcar, tiene un valor de IG muy alto y hará que sus niveles de azúcar en sangre se disparen. Afecta a su cuerpo casi de la misma forma que el azúcar común. En otras palabras: la miel es, simplemente, otra forma de azúcar que debemos evitar a cualquier precio.

El azúcar oculto

Hay dos tipos de azúcar: el que reconocemos y el que no. El que reconocemos es el que añadimos al alimento y las bebidas. Tenemos un cierto grado de control sobre él, pero el azúcar que reconocemos es sólo la mitad del problema.
El azúcar que no reconocemos es un monstruo bastante más siniestro, ya que ha sido añadido al alimento por otras personas sin que lo sepamos. Éste es el azúcar oculto, muy usado por las compañías alimentarias y las farmacéuticas para dar volumen a los productos y hacer que tengan un mejor sabor, para su consumo en masa. Esto significa que incluso los «alimentos» beneficiosos, como los jarabes y los caramelos para la tos, suelen contener azúcar de algún tipo.
Eche un vistazo a casi cualquier etiqueta de un envase alimentario y se sorprenderá de cuántos alimentos preparados comercialmente contienen azúcar. Estos azúcares ocultos pueden tener muchos nombres distintos, entre los que se incluyen los de sucrosa, dextrosa, malta, jarabe de maíz, melaza y miel. Por desgracia, estas etiquetas no siempre le dicen con exactitud la cantidad de azúcar utilizada, ya que la ley normalmente no lo exige. Así pues, esté atento a las etiquetas y no dé nada por sentado.

El mantenimiento del nivel de azúcar en sangre

Algunos podrían preguntar, con toda la razón del mundo: si eliminamos el azúcar de la dieta, ¿cómo podremos mantener unos niveles mínimos de azúcar en sangre? Es una buena pregunta y la respuesta es sencilla. Tal como se ha comentado en el primer capítulo, el cuerpo necesita glucosa, y no azúcar, para obtener energía. La fruta, los alimentos integrales, las legumbres y, especialmente, los cereales pueden proporcionar fácilmente al cuerpo toda la glucosa que necesita en circunstancias normales. Y si hay una falta temporal de carbohidratos (como puede suceder cuando el cuerpo se encuentra sometido a una actividad física agotadora), éste podrá obtener energía de otras fuentes, como las reservas de grasa. Así pues, no hay necesidad de consumir azúcar.
Inicialmente, esto puede provocar problemas a las personas a las que les gusta edulcorar su alimento. En tal caso, les recomiendo que usen un edulcorante artificial (véase a la derecha), como la sacarina o el aspartamo, temporalmente, hasta que su paladar se acostumbre a su nuevo régimen.

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