El esfuerzo o energía

factores de autodesarrolloEl esfuerzo es imprescindible en la senda hacia la realización de uno mismo y el autoperfeccionamiento. En esta andadura se irán presentando no pocos obstáculos, tanto fuera como dentro de uno, y la única manera de ir superándolos es mediante el esfuerzo (o energía) basado en la motivación intensa y la intención pura. El verdadero éxito sólo llega tras años de práctica, aunque desde los primeros momentos el practicante comienza a experimentar los beneficios. El esfuerzo debe ser consciente, bien encauzado y medido, equilibrado y nunca autocoactivo. Hay que esforzarse por estar atento a la mente, la palabra y los actos; hacer un esfuerzo por vigilarse. Ya lo decía Buda: «Si te estimas en mucho, vigílate bien»; esa vigilancia nos permitirá evitar innumerables errores, y por eso Buda le pedía incluso a su hijito que fuera reflexivo antes de pensar, hablar o hacer. El esfuerzo es imprescindible para regularnos, mirarnos y conocernos, para aprender a gobernarnos y también para practicar las técnicas del yoga y no cejar en el empeño. El esfuerzo depende de la voluntad (que es altamente reeducable) y de la motivación intensa. Hay que aplicar esfuerzos regulares y asiduos y de nada sirven los esporádicos, por muy entusiastas que sean. Sólo mediante la reeducación de la voluntad y la energía bien desplegada se irán superando obstáculos como la desidia, la pereza, la apatía o la dejadez. Hay que hacer también un esfuerzo consciente para desalojar de la mente los estados mentales nocivos y suscitar los beneficiosos, además de un esfuerzo para conducir al centro mismo de la vida una actitud adecuada (yóguica), basada en la atención consciente, la ecuanimidad, el sosiego, la lucidez y la compasión. El esfuerzo es también firme determinación e inquebrantable resolución, y a esfuerzos más intensos, mejores resultados. El esfuerzo es disciplina y hace posible el buen desarrollo del método, que es el modo de mutar la consciencia y liberar la mente de sus ataduras y estados mentales aflictivos. Se requiere tesón para unificar la mente, cuando en principio es tan dispersa, pues no resulta nada fácil poner la mente bajo control, y ya nos avisa Shankarachar-ya: «Una nube es traída por el viento y por el viento se disipa nuevamente; por la mente se labra la esclavitud y por la mente también se labra la liberación».
Y en el precioso texto de mística hindú, el Viveka Chudamani, se nos dice: «Por el esfuerzo constante ganan el conocimiento aquellos que conocen al Eterno, la solitaria e impoluta realidad que está libre de toda ilusión; pero no por el estudio».
Y también: «Con todo esfuerzo afanoso por ser libre de las ataduras del mundo, los sabios deben esforzarse de la misma manera que lo harían para liberarse de la enfermedad».
Canalizando sabiamente las energías, el ser humano actualiza todos sus mejores potenciales internos. Precisamente el poder interior o fortaleza anímica es esencial para poder afrontar con ánimo estable y sereno las vicisitudes existenciales.

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