Cómo cuidar a nuestros ancianos enfermos de Alzheimer

AlzheimerLlega un momento en la vida que los padres envejecen. El envejecimiento de los progenitores plantea vicisitudes a los hijos. María Jesús llega a la consulta muy nerviosa y preocupada ante el diagnóstico de Alzheimer de su madre. Está asustada y no sabe qué hacer. La enfermedad de Alzheimer es el tipo de demencia más frecuente. El Dr. Alzheimer la descubrió hace mas de 100 años, dándole su propio nombre.
El padre de María Jesús murió hace unos años. Aunque ella y sus hermanos lo cuidaron hasta el último momento, dice no haberse asustado tanto. Por aquel entonces, la madre era también mayor, pero se apañaba bastante bien. Ahora no entiende muchas cosas. Cosas sencillas, como que hay una hora para dormir y otra para levantarse. María Jesús intenta, por todos los medios, que su madre lo entienda. Se enfadan, discuten. Parece haberlo entendido, pero no. Cuando María Jesús regresa del trabajo, se encuentra a su madre durmiendo en la cama. Cuando la madre es interrogada, contesta por toda respuesta: “Me he acostado, porque es de noche”. Es de noche, sí, claro, dice María Jesús, en invierno a las seis de la tarde ya es de noche. María Jesús se pregunta, angustiada, cómo entender a la madre. Si no lo consigue, ella enfermará.
Lo que María Jesús plantea es, en realidad, cómo puede hacerse cargo de su madre ahora que está enferma. ¿Cómo puede concebir que su madre ya no puede entender algunas cosas? La pérdida de la capacidad de discernimiento es uno de los efectos de la enfermedad de Alzheimer.

¿Qué le ocurre?

Ella compara continuamente lo que le sucede a su madre con lo que ocurría con su padre. Éste, aún estando muy enfermo y con serias dificultades para expresarse debido a una embolia, entendió todo hasta el último momento. Con su madre no es así. Por más que ella intenta explicarle las cosas de un modo u otro, sólo consigue discutir y enfadarse.
María Jesús está desorientada, usa la comparación como recurso para encontrar un camino, pero lo que encuentra es algo imprevisto para ella. Lo que ocurre no es igual como con su padre. A veces, sin caer en la cuenta, uno busca algo predeterminado, y no es lo mismo buscar que encontrar. María Jesús busca el razonamiento de su madre, tal corno lo hacía con su padre. Si su madre no responde a sus intentos de hacerla razonar, quizás el modo correcto de obrar no consiste en hacerle entender por todos los medios. María Jesús, en su afán por orientarse, busca semejanzas sin hallarlas. No se da cuenta de aquello que encuentra, sin buscarlo. Sí, está ante un proceso de envejecimiento, pero muy distinto al de su padre. Quien envejece ahora es su madre, con su singularidad como persona y con una enfermedad con distintos efectos sobre quien la padece que la de su padre.
Llegado a este punto del trabajo personal, María Jesús puede reorientarse. No se trata de buscar en sus recuerdos cómo se comunicó con su padre sino, más bien, ahora se trata de observar cómo se desarrolla la relación con su madre para encontrar las claves de cómo tratarla. ¿Cómo tratar a su madre? Ante esta pregunta, que orienta el trabajo personal a realizar, María Jesús no encuentra ni una sola respuesta. No es todavía el momento de encontrar formas de trato, pero sí lo es quizás para identificar las que no funcionan.
Insistir en hacer razonar a la madre algo que no entiende, por más sencillo que parezca, no sirve para comunicarse, sino más bien para enfadarse las dos. María Jesús ya sabía lo que no debía hacer. No debía insistir en hacer entrar en razón a su madre, pero no sabía qué hacer ni cómo actuar.
He ahí otro momento importante en el proceso de elaboración que experimenta María Jesús. Otro punto donde orientarse. Si antes era acoger el encuentro con la diferencia y de ese encuentro surgió la pregunta de ¿cómo tratar a su madre?, ahora el encuentro es con “el no saber”. No sabía cómo tratarla. El encuentro con “el no saber” le permite salir del tratar a su madre como si fuera su padre.
En este punto, la convivencia con la madre seguía planteando dificultades, pero se había relajado la tensión. Era más llevadera. Si encontraba a su madre en la cama a la vuelta del trabajo, la despertaba y la hacía levantar. Luego ya se volvería a acostar, cuando fuera la hora.
María Jesús, a sugerencia de su hermana, empieza a plantearse la necesidad de que su madre sea atendida por una cuidadora durante su horario laboral y, por la tarde, turnarse las dos hermanas para que puedan tener tiempo para sus quehaceres al margen del cuidado de su madre.
Unas semanas después, María Jesús convoca una reunión con los hermanos, para plantear la situación y buscar entre todos cómo resolver el cuidado de su madre.