¿Cómo atajar la intervención invasiva de la abuela?

¿Pero cómo se hace esto cuando se está viviendo en casa de los abuelos? Se puede intentar razonar, explicar, sugerir, argumentar, pero es difícil que se consiga un cambio significativo cuando se está en su territorio.
Suena duro, pero los dueños del hogar en el que vivió Paloma durante 10 años eran sus abuelos, no sus padres. No hablamos de una propiedad material -que también tiene su importancia-, sino se trata de que la madre de Paloma, en esa casa, era más hija que madre. Ella no podía decidir qué se hacía en esa casa; y entre lo que no podía hacer entraba, en gran medida, la educación de su hija. Es prácticamente imposible decir no ciertas cuestiones cuando se vive en casa de otros. No podía decir no rotundamente a su madre en cuanto a la forma que tenía de criar a la niña porque la dejaba muchas horas a su cargo al estar trabajando fuera de casa.
En modo alguno tratamos de decir que la mujer debe renunciar a su trabajo, a su profesión, cuando tiene un hijo. No; pero sí hay que analizar, antes de que el bebé llegue, cuál es Informa más conveniente de atenderle, teniendo en cuenta las circunstancias de la familia en ese momento.
En primer lugar se calculará lo que el niño necesita. Después se verá si los padres están en condiciones de hacerlo. Y por último se evaluará cómo combinar ambos aspectos para que el resultado sea el mejor posible para el niño y para los padres.
El niño necesita unos padres, sobre todo la madre, que le cuiden con mucho cariño. Para que la madre pueda tener la serenidad suficiente para atender a su niño como debe tendrá que contemplar cómo ella va a estar suficientemente bien, a fin de hacerlo con cierta tranquilidad, con poca ansiedad. Ahí se tendrá en cuenta lo que ella necesita como persona, para después ser una buena madre. Es posible que su profesión ocupe un lugar importante en su vida. No más que el hijo, desde luego. Pero no debemos ponernos en la disyuntiva hijo o trabajo. No es blanco o negro. Hay matices intermedios. Habrá que buscarse un equilibrio que atienda ambos frentes, enriqueciéndolos si es posible.
En un segundo plano deben quedar comodidades que después se volverán en su contra, del niño y de los padres, o consideraciones de tipo económico que habrán de solventarse de otra forma.
Así, los padres de Paloma deberían haber aplazado algún tiempo su boda, o por lo menos debieran haber esperado a tener un niño más tarde, cuando ya su independencia como pareja fuera más auténtica. Podrían haber optado por vivir de alquiler.

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