Adelgazar de forma saludable

Cada año surgen nuevas dietas adelgazantes que prometen resultados rápidos y sin esfuerzo, pero conviene saber cuáles son los principales errores que se cometen a la hora de plantearse adelgazar.

Hoy, el modelo corporal considerado ideal sigue teniendo como música de fondo la esbeltez y la delgadez. Muchas personas, en particular mujeres, creen que pesan demasiado y se ven «gordas» cuando su peso es normal y saludable, con un índice de masa corporal de entre 20 y 25. Otras desearían, aun permaneciendo en el peso normal, bajar algún «kilito» sin motivos de salud que lo justifiquen. Este permanente descontento alimenta el estrés y el pensamiento mágico, que fomentan la aparición de propuestas disparatadas acerca del peso y las formas de reducirlo. Lo primero que hay que preguntarse es: ¿necesito verdaderamente adelgazar? Una respuesta sincera y objetiva resuelve de por sí muchas dudas y problemas. Y si es afirmativa, la cuestión es cómo hacerlo de forma eficiente y sin riesgos.

Detrás del sobrepeso existe un balance energético positivo, una entrada de calorías mayor que su gasto. El excedente acaba convirtiéndose en grasa que se acumula en el cuerpo. El objetivo esencial es invertir ese balance, de modo que los aportes sean menores que las necesidades, con la esperanza de que la diferencia la compensen las propias reservas energéticas. El ejercicio físico y la reducción calórica siguen siendo las piedras angulares. Pero deben descansar sobre principios sólidos, ganando salud en el intento.
Buscar el equilibrio
La dieta ha de aportar los nutrientes necesarios sin que se pierdan elementos esenciales como agua o masa muscular, y mantener la pérdida de peso en el tiempo. Entre los centenares de dietas adelgazantes existentes, los errores más frecuentes son: aporte nulo o insuficiente de hidratos de carbono; ausencia de un mínimo de grasa necesario; exceso de proteínas; olvido de los crudos; inclusión de alimentos no básicos; aportes calóricos extremadamente bajos, por debajo de 1.200 calorías diarias; ruptura total con los hábitos alimentarios; hacer pasar hambre, y monotonía.
La alternativa es una dieta hipocalórica que reduzca de forma razonable y adaptada los aportes energéticos respetando los demás equilibrios nutricionales y todos aquellos requisitos que debe cumplir una dieta. No es una solución mágica, pero tampoco aspira a serlo.

¿Se puede adelgazar sin pasar hambre?

Este debería ser uno de los objetivos de una dieta hipocalórica. Controlar el ritmo de lo que se ingiere, individualizar la dieta y disponer de otras opciones alimenticias en momentos puntuales son claves para conseguirlo. Por otro lado, no hay que confundir pasar hambre con no poder comer en un momento determinado lo que apetece.

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