Tratamiento psicológico de la obesidad

La obesidad está muy relacionada con la psique; de hecho; se ha advertido una notable correlación entre la susceptibilidad al estrés ligero y la obesidad.

Según estudios recientes, los obesos manifestarían —estadísticamente— una respuesta más prolongada al estrés que las personas de peso normal. Es bien conocido que la depresión y otras alteraciones psíquicas producen a menudo importantes cambios en el peso corporal. La toma de antidepresivos tricíclicos es un conocido ejemplo de incremento del peso corporal promovido por una droga. También muy recientemente se ha establecido que una de las posibles causas de la pervivencia de la obesidad en algunas personas sería precisamente la preocupación por adelgazar.

La teoría que la obesidad es la consecuencia directa de que se come «demasiado» pervive sólidamente en la mente de una gran mayoría de la población, incluyendo la clase médica. A veces se matiza estableciendo que el «demasiado» no tiene por qué ser el mismo para una persona u otra.

Al menos así se limita en parte la seria «culpabilidad» de la gula del obeso en el desarrollo de su propia enfermedad, pero buena parte de la panoplia con que se lucha en la actualidad contra la obesidad se basa en este principio lapidario. Esto incluye la mayoría de los tratamientos quirúrgicos, dietéticos y psicológicos.

El abordaje psicológico de la obesidad implica —con diversas variantes— que se ingiere una cantidad de alimento excesiva para el funcionamiento normal del cuerpo del paciente, por lo que debe limitarse esta ingesta. En algunos casos este planteamiento es adecuado porque hay una genuina bulimia, pero este planteamiento no puede hacerse extensivo a personas que no manifiesten este trastorno de la alimentación.

En muchos casos, el planteamiento psicológico consiste en convencer al paciente de la necesidad de comer menos, de evitar ciertos alimentos, de reforzar su «voluntad» de cumplir con los regímenes hipocalóricos, de evitar las tentaciones —chocolatinas, canapés, etc.—, de utilizar pautas regulares de ingesta, como masticar y comer despacio, empleando rutinas para prolongar la comida y así dar tiempo a que la saciedad se manifieste.. Muchos de estos planteamientos son válidos de por sí e incluso útiles para la persona que busca perder peso cumpliendo estrictamente con una dieta; lo que es más objetable es la base sobre la que se sustenta buena parte de este edificio, la de que la causa de la obesidad es el exceso de ingesta.

En cualquier caso, el apoyo psicológico es muy importante —esencial— para el tratamiento de los trastornos de la alimentación, pero también lo es en la preparación del obeso para la cirugía bariátrica y en la fase de adaptación a una situación diferente, con el estómago fuertemente constreñido. La psicología tiene además un enorme campo de actividad en el tratamiento de los efectos del rechazo social al sobrepeso y la obesidad, y en la necesidad de aceptación del propio cuerpo, de la propia imagen, como señal de identidad aun cuando ésta se rechace por no adaptarse a los cánones comúnmente aceptados.

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