Trastornos de la gestación y del parto de la gata

Gestación y parto discurren generalmente sin problemas en las gatas. Como máximo, sufren algún trastorno las hembras jóvenes primíparas y las gatas reproductoras.

Aborto

En las gatas, provocan alteraciones en el parto sobre todo infecciones que cursan durante la gestación a veces sin síntomas, así como desarreglos hormonales. La alimentación deficiente y los accidentes son responsables de pérdidas de crías más raramente.
Hasta la cuarta semana de gestación no se presenta el aborto clásico con expulsión de crías sin acabar de desarrollar ni capacidad vital, sino que los fetos son reabsorbidos. Esto quiere decir que son asimilados por la mucosa uterina. Una reabsorción de este tipo suele pasar desapercibida, salvo en las hembras reproductoras, en las que la descendencia está «programada», al no tener ninguna consecuencia negativa para la salud de las gatas.
La expulsión de fetos muertos o de partes de los mismos es, en cambio, un sucedido muy aparente, que cursa con hemorragias y flujo. Sorprendentemente, el estado general de la madre no se suele ver afectado en manera alguna. El aborto de una o varias crías tampoco excluye que, llegado el momento, puedan nacer las demás crías vivas.
Los flujos o hemorragias advertidos antes de cumplirse el tiempo previsto para el parto, deben ser investigados por el veterinario en lo referente a su origen. También comprobará si están vivas las crías contenidas en la matriz y si para su salvamento es necesario practicar una cesárea.
Si la matriz sólo contiene restos de embriones muertos, conservando la hembra su estado general inalterado, el veterinario procederá a aplicar antibióticos. Pero cuando ya son evidentes los signos de una inflamación de la matriz, por lo regular es necesaria la extirpación quirúrgica del útero, junto con su contenido y con los ovarios.

Dificultades del parto

Los problemas surgidos en el parto pueden estar causados por la postura anómala de una cría, por ser éstas muy voluminosas, y por resultar débiles las contracciones fisiológicas de la matriz. El resultado es en cualquier caso que, tras las primeras manifestaciones de alumbramiento, el parto no progresa, o que tras nacer una o varias crías, se produce una larga pausa.
Cuando una única cría resulta excesivamente grande para poder atravesar el canal obstétrico, queda atascada en éste. Así mismo, la postura anómala de una cría impide su ingreso normal en el canal del parto. En estos casos, el parto se detiene, a pesar de ser intensas las contracciones fisiológicas.
Es frecuente, sobre todo en gatas jóvenes y primíparas, que las contracciones uterinas resulten demasiado débiles desde el principio para que el parto tenga lugar. En gatas viejas, por el contrario, se debilitan tras nacer varias crías. Si el parto se prolonga, se reseca el canal obstétrico, hasta el punto de que las crías pueden quedar retenidas en él exclusivamente por causas mecánicas. Entonces, cabeza y extremidades anteriores, o el tercio posterior, sobresalen por la vagina.
En todos estos trastornos es imprescindible recurrir al veterinario. Una vez que éste haya determinado la causa que obstaculiza el parto, dispondrá las medidas oportunas para auxiliar a la hembra. Sólo él puede, por ejemplo, extraer científicamente de la vagina una cría retenida, con ayuda de pinzas especiales y sustancias lubricantes. Cuando el canal del parto es demasiado estrecho o una cría queda atascada antes de alcanzar la abertura de la matriz debido a una postura anormal, es necesario practicar una cesárea. El veterinario la llevará a cabo de la manera más rápida, con objeto de asegurar la supervivencia de las crías.
Si no es ningún obstáculo mecánico el que impide el normal desarrollo del parto, sino únicamente unas contracciones fisiológicas de la matriz demasiado débiles, basta muchas veces con la inyección repetida de oxitocina para reforzar las contracciones y producir el parto. La oxitocina es la hormona que provoca las contracciones uterinas. El veterinario mantendrá luego la gata en observación, para controlar la acción de la hormona y, si es preciso, facilitar el parto mediante intervención quirúrgica.
En ocasiones, el parto se produce sin problemas, pero la gata luego no se preocupa adecuadamente de los recién nacidos. En tales casos, el propietario debe cortar el cordón umbilical y limpiar a las crías de restos de envolturas fetales. El cordón del ombligo debe cortarse con una pequeña tijera a unos 2 cm de éste. Si se liga previamente con un cordel, no sangra. Acto seguido conviene limpiar de moco la boca y nariz de las crías recién nacidas; se estimulará la respiración frotándolas enérgicamente con un paño seco.

Retención de secundinas

Las secundinas se expulsan normalmente después de cada cría. Si persisten en la matriz, lo que ocurre en raras ocasiones, se produce una intoxicación y/o una infección general (septicemia), como consecuencia de una grave inflamación de la matriz. Fiebre alta, pérdida de apetito y abatimiento que se presentan pocos días después del parto, pueden ser signos de una retención de secundinas. Las crías no maman.
El veterinario descubrirá los restos de secundinas mediante palpación y utilización de rayos X. Deben extraerse, junto con la matriz, mediante la oportuna operación quirúrgica. Se administrarán a la vez antibióticos y, de acuerdo con el estado general de la hembra, se recurrirá también a la alimentación intravenosa.

Eclampsia

Por eclampsia se conoce la presentación de convulsiones en forma de ataque durante el parto o a continuación de éste. Está producida por una carencia de calcio. Inicialmente se manifiesta por debilidad, marcha tambaleante e inquietud; en fase avanzada, la gata yace en decúbito lateral, moviendo las extremidades extendidas convulsivamente. El estado convulsivo se acompaña de salivación y dilatación pupilar.
La eclampsia se corrige mediante aplicación intravenosa lo más rápida posible por el veterinario de una solución de calcio. Si se presenta antes del parto o en el transcurso de éste, hay que practicar a la vez una operación cesárea. En el período de lactación, las crías deben separarse de la madre y ser alimentadas con leche sucedánea, con objeto de evitar la presentación de un nuevo ataque de eclampsia después de tratamiento.

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