¿Tienes reglas abundantes?

Debido a la complejidad del sistema endocrino femenino, toda mujer puede llegar a tener reglas abundantes, pero ¿cuándo se consideran normales y cuándo son señal de algún trastorno y hay que acudir al especialista?
Las alteraciones en la cantidad de sangrado menstrual son frecuentes: la mayoría de mujeres puede experimentar reglas abundantes durante dos o tres ciclos cada año. Y se trata de una circunstancia normal que no debe preocupar. También hay mujeres cuyos períodos menstruales son siempre copiosos por factores genéticos (igual que unas tienen los ojos marrones y otras, verdes, sus ciclos menstruales pueden ser diferentes, sin más). Sin embargo, hay ocasiones en las que la abundancia de flujo menstrual sí es consecuencia de algún trastorno, por lo general, poco grave. Esta posibilidad aumenta al acercarse la menopausia.

¿Cómo determinar si es demasiado?

No resulta fácil determinar cuándo la regla es más profusa de lo normal. Por ello, si de pronto observas que el flujo de tus períodos se ha vuelto mucho más voluminoso, pide cita con tu ginecólogo, quien te preguntará cuántas compresas o tampones usas a diario. Si son más de ocho (están empapados a las dos o tres horas de colocártelos), tu menstruación está siendo demasiado abundante, lo que quiere decir que pierdes más de 80 mi de sangre durante la misma. También se considera una regla copiosa la que se prolonga más allá de ocho o diez días.

¿Por qué sucede?

Es preciso insistir en que las causas de las reglas profusas, llamadas menorragias, son en su mayoría benignas, por lo que no deben preocuparte. Según el doctor Javier Haya, jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia de los Hospitales Generales de Ciudad Real y Tomelioso, menos del 0,5% de los casos detectados son producidos por un factor maligno (como podría ser un cáncer). Las causas más habituales son:
• Alteraciones hormonales. A ellas responde el 40% de las reglas abundantes. Esto ocurre, especialmente, durante los primeros períodos, en la adolescencia, y cuando se aproxima la menopausia. En ambos casos, el funcionamiento de las hormonas es irregular y, al alterarse el complejo sistema endocrino femenino, también lo hace el flujo de la regla. También existen otros factores como el estrés, el cansancio y los nervios que pueden provocar un cambio en el ritmo de producción de hormonas (el estradiol y la progesterona) que llegar a suceder que la menstruación incluso desapareciese por completo de forma puntual.
• Miomas. Son los responsables de sangrados menstruales copiosos casi en el 40% de las veces. Se trata de tumores benignos de origen desconocido (aunque existe un componente genético y hormonal) que afectan al útero, normalmente sin presentar síntomas. Suelen desarrollarse en mujeres con edades comprendidas entre 35 y 50 años.
• Pólipos en el endometrio. Provocan el 15% de las reglas abundantes. El endometrio es la membrana mucosa que tapiza la cavidad del útero. También en él pueden formarse tumores benignos que alteran el sangrado del período, ya que el organismo los identifica como cuerpos extraños.
• Endometriosis. Es menos frecuente y se trata de una dolencia benigna que se produce cuando restos del endometrio se desplazan fuera del útero. No se sabe por qué sucede, aunque es probable que intervengan factores ganéticos. Otras de las molestias que puede causar esta enfermedad son dolores menstruales, malestar en las relaciones sexuales y pequeños sangrados entre reglas.
• Causas no ginecológicas. Solo un 5% de las veces la profusión del flujo menstrual se debe a razones no ginecológicas. Por ejemplo, al hiper o hipotiroidismo o al síndrome de Cushing (dolencia provocada por el exceso de producción de cortisol que también recibe el nombre de hipercortisolismo). Por otro lado, popularmente se cree que tomar ciertos medicamentos (como el ácido acetilsalicílico) durante la menstruación aumenta su flujo de forma anormal. Es cierto que hay fármacos, como los anticoagulantes (el ácido acetilsalicilico lo es en parte) que pueden provocar ese efecto pero no siempre es así.

Pruebas para su diagnóstico

En cualquier caso, para averiguar la causa de la menorragia y determinar la existencia o no de lesiones, el especialista realiza una exploración pélvica y de la vagina, el cuello del útero y los ovarios. El ginecólogo coloca una mano en el abdomen y los dedos corazón e índice en la vagina. También efectúa una ecografía abdominal o vaginal y/o una histeroscopia (permite observar el interior del útero) para descartar miomas o pólipos, así como una analítica hormonal. Si con estas pruebas no se logra un diagnóstico, se programa una biopsia de la mucosa endometrial

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