Síntomas de anorexia

Rocío estaba muy preocupada por la salud de su hija de 17 años, a la que últimamente encontraba muy rara, de mal humor, con cambios de carácter, poco comunicativa y cada vez más delgada. Su duda era si estos síntomas podían indicar el comienzo de una anorexia.

La anorexia nerviosa es un trastorno de la conducta alimentaria que consiste en un temor exagerado a engordar. El o la afectada tiene una imagen distorsionada de su cuerpo que aprecia con sobrepeso cuando en realidad no es así, y lo lleva a la extrema delgadez negándose a comer, tan solo ingiriendo mínimas cantidades (anorexia restrictiva) o vomitando después de cada comida (anorexia purgativa).
Predomina en la adolescencia y en el sexo femenino, que representa el 90 por ciento de los casos, aunque cada vez son más los hombres que la padecen.
Las causas de la anorexia son desconocidas, pero se sabe que hay factores que pueden desencadenarla, como la predisposición genética, los condicionantes sociales que invitan a la delgadez —por ejemplo, la imagen corporal ideal— e incluso la influencia familiar y de personas cercanas. Se sabe, además, que afecta más a chicas con determinadas características: son bastante inteligentes, muy exigentes consigo mismas, con un gran sentido de la responsabilidad y que buscan la perfección en todas las parcelas de su vida.

Preocúpese si su hija o hijo manifiesta estos signos

Son síntomas que aparecen de forma lenta y poco clara, por lo que los familiares —y en el caso de los adolescentes, también los profesores— deben estar muy alerta y vigilar muy de cerca al posible afectado, que se busca todo tipo de artimañas para no ser descubierto:
• Cada vez come menos.
• Adelgaza de forma progresiva sin motivo.
• Empieza a llevar ropa ancha.
• Juega con la comida y se levanta enseguida de la mesa.
• Se vuelve irritable y poco comunicativo.
• Pasa mucho tiempo encerrado en su habitación.
• Está en el baño más de lo habitual.
• Deja de salir con los amigos.
• Practica ejercicio de forma exagerada.
• Estudia o trabaja hasta quedar exhausto.
• Tiene las uñas con un ligero color amoratado.
• Pierde la menstruación.
• Se le cae el pelo.
• Tiene los dientes amarillentos.
• Su tensión arterial es más baja de lo normal.
• Es un auténtico experto de la nutrición. Conoce al dedillo las calorías y componentes de los alimentos.
El diagnóstico de la anorexia no es fácil, teniendo en cuenta que el o la afectada no va a reconocerlo y se va a negar a ir al médico. No es consciente de que tiene un problema ni de las graves consecuencias en las que puede derivar, y se revela contra los suyos. Por muy delgado que esté, sigue viéndose con kilos de más. Los padres, la pareja o los amigos deben pedir asesoramiento al médico de cabecera y, a partir de ahí, intentar hacer comprender al enfermo que necesita ayuda médica. Cuando por fin se consigue que acceda, el tratamiento pasará a ser responsabilidad del psicólogo y el psiquiatra, siendo más adelante también necesaria la ayuda de un endocrino. En los casos extremos, suele ser necesario el ingreso en un centro hospitalario, donde existen unidades específicas para el tratamiento de los trastornos de la alimentación.
El entorno, ya sean los familiares o la pareja, deben tomar las siguientes medidas:
• Supervisar sus comidas.
• Hacer que repose al terminar cada una de ellas.
• Incrementar progresivamente las cantidades y los alimentos calóricos.
• Controlar su peso.
• A medida que engorde, aumentar poco a poco su actividad física.
• Vigilar que siga el tratamiento farmacológico que, normalmente, consiste en la toma de ansiolíticos, antidepresivos y suplementos vitamínicos y minerales, por vía oral o inyectada.
• A veces el afectado y la o las personas que se ocupan de él necesitan acudir a una terapia de grupo.
La anorexia tiene solución siempre y cuando se pida ayuda médica.