Puede parecer extraño, pero el san bernardo tiene orígenes asiáticos; existen testimonios de la presencia de sus antepasados en ciudades sumerias y asiriobabilonias de Mesopotamia. En los tiempos de las guerras gálicas, para defender los pasos alpinos del valle de Aosta los romanos utilizaron perros que en su descripción resultan muy similares a nuestro amigo.
En la Edad Media se le utilizó para la defensa de castillos y monasterios. A causa del aislamiento de las zonas de montaña estos perros no han sufrido cambios sustanciales a lo largo de los siglos. Sobre ellos recayó la atención de los monjes del Gran San Bernardo, porque esta raza de poderosa corpulencia poseía las dotes físicas necesarias para el trabajo de salvamento en montaña. Los monjes llevaron a cabo una larguísima selección encaminada a afinar la inteligencia y el olfato y los documentos testimonian que, entre 1730 y 1931, los san bernardo salvaron a más de dos mil personas.
Origen: Suiza
Carácter
Más allá de su dotes de salvamento, es un excelente perro para la familia, maravilloso con los niños; de hecho, tiende a adoptarlos y educarlos. Es también un óptimo guardián de la casa y su prestancia es por sí misma disuasoria para los maleantes.
Estándar
La altura mínima del san bernardo es de 65 cm para las hembras y 75 cm para los machos. El peso está comprendido entre 65 y 8o kg, con evidente dimorfismo sexual. Existen dos variedades: la de pelo corto y la de pelo largo. El color es blanco y rojo o rojo y blanco, según la predominancia. Son obligatoriamente blancos: collar, caña nasal, pecho, pies y punta de la cola. La cabeza es imponente, con el cráneo convexo, la mordida en pinza, el cuello con papada. Las orejas nacen altas y las lleva caídas. Los ojos son oscuros y más bien pequeños. Las extremidades son musculosas y con fuertes huesos. La andadura es pesada, pero no torpe.
Consejos
En el primer año de vida, durante el cual el crecimiento es muy rápido, necesita una alimentación equilibrada y complementos vitamínicos para no sufrir serias osteopatías. Al adulto es recomendable dividirle el alimento diario en dos comidas, para no sobrecargar el estómago. Para cuidar el manto basta un cepillado semanal.
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