Reglas de oro para quemar grasas

La clave es que restablezcas tu equilibrio calórico: que las grasas que consumes no superen a las que gastas.

No te saltes comidas

Al reducir comidas, tu metabolismo se hace cada vez más lento y dificulta la movilización de la grasa de los tejidos. Para que tu plan -que es eliminarla- no fracase, haz cinco -¡cinco!- comidas diarias, repartidas cada cuatro horas.

Haz un desayuno “funcional”

Apuesta por los llamados alimentos funcionales que además de nutrir benefician tu salud y bienestar. Son los probióticos a los que debes hacer hueco en tu desayuno (en forma de yogures, por ejemplo) y los prebióticos, contenidos en frutas como la manzana o el plátano y los muy saludables cereales (que en el desayuno no engordan).

Elige qué comes y a qué hora

Aquí tienes algunas pautas sobre horarios a seguir con cada tipo de nutriente: carbohidratos, por la mañana (desayuno y almuerzo); carnes blancas, al mediodía; en la merienda, fruta (y los frutos secos); y ensaladas y pescados, para la noche.

Nada (o poco) después de las 8

Parece demasiado radical, pero es efectivo. A partir de las 20 horas el cuerpo se prepara para el descanso, ralentiza el motor y quema menos grasa que durante la mañana, por ejemplo. Si tu horario no te permite cenar a esa hora todos los días, procura, al menos, dejar pasar dos horas entre la cena y el momento de acostarte.

Cinco raciones de frutas y verduras frescas

Depuran tu organismo y son ricas en agua, vitaminas y minerales. Pinchitos de manzana con naranja, zanahorias crudas,… Así cumplirás la regla de las cinco: una fruta en el desayuno, otra a media mañana (o tarde), verdura y fruta al mediodía, y ensalada en la cena.

Infusiones… ¡y zumodieta!

Consume infusiones de manera regular. Dos tazas al día de algunas variedades como los tés de fucus, marrubio o pomelo, te ayudarán a descomponer las grasas. La zumodieta es muy fácil: se traduce en añadir a la tuya zumos de frutas, como piña y papaya, que movilizan grasas y eliminan las toxinas. Además, es otra vía para mantenerte bien hidratado.

Nunca menos de 1.500 calorías

No bajes de esa cifra al día. Si lo haces, disminuirás tu tasa de metabolismo basal y conseguirás el efecto contrario: tu cuerpo entrará en alerta y reservará todo lo que reciba en lugar de quemarlo.

Ejercicio: ¡ya no hay excusas!

Mantenimiento y regularidad son claves. Piérdele el miedo a una marcha rápida (quemarás unas 200 calorías en media hora) o al spinning (300 en el mismo tiempo). Toda ocasión es buena.

Autocontrólate y sé constante

No abandones tus planes en cuanto haya pasado un mes, necesitas más tiempo, e intenta que estos nuevos hábitos se conviertan en saludable rutina.

Agua: dos litros al día

Imprescindibles. Bebe sobre todo fuera de las comidas (30 minutos antes y después) y cuando practiques ejercicio. Hazlo a sorbos pequeños, es más sano.