Régimen “homeopático”

No nos referimos a un régimen homeopático en sí, aunque se conoce por ese nombre y entró en España de la mano de muchos homeópatas. Por eso figura entrecomillado en el título.

Se basa en eliminar de la dieta muy pocas cosas: apenas pastas, patatas y pan.

Se puede comer casi de todo y la caloría no tiene ninguna importancia. Eso sí, a determinadas horas (normalmente a las doce de la mañana y a las seis de la tarde) hay que tomar tres pastillas distintas, que nada tienen de homeopáticas. Son pastillas de fabricación artesana, hechas en alguna farmacia de acuerdo con la fórmula establecida. Esas cápsulas no se basan en los principios de la homeopatía, ya que los ingredientes naturales o no aparecen en proporciones que nada tienen que ver con la idea homeopática.
Da un magnífico resultado inicial. No cuesta ningún trabajo seguir la dieta, ya que permite gran variación de alimentos, y uno no tiene la sensación de estar a régimen.
Las tres pastillas a las doce del mediodía y a las seis de la tarde son imprescindibles.
Sin embargo, los problemas que plantea esta dieta, aparentemente inocua, son serios y graves.
En principio, la composición de las pastillas incluye polvo de tiroides y una serie de elementos hormonales, que, aunque se digan naturales no tienen por qué no ser nocivos. Tiene también algún componente anfetamínico.
Puede plantear problemas muy serios de tipo cerebral, quizá por inhibición de la función tiroidea. Frío, mareos, lentitud de reflejos, son algunos de los síntomas que se pueden apreciar si se prolonga el régimen o la ingestión de las pastillas.
Otro problema es que, si bien en una primera fase el régimen es útil para perder peso, si se quiere hacer una segunda vez, ya es mucho menos efectivo. En la tercera, es absolutamente inútil. Pero conviene llamar la atención sobre los efectos en la función tiroidea, porque puede originar transtornos muy serios.
En relación a estas pastillas, que bajo la idea de formula magistral se han puesto a la venta, en el Boletín de Información Terapéutica que edita el Ministerio de Sanidad, se emite un informe sobre ellas que nos parece del mayor interés.
Los componentes suelen venir en la etiqueta, por su nombre latino o francés. Pero siempre tienen una fórmula similar.
Polvos de extractos de órganos. Suelen ser de hipotálamo, hipófisis y páncreas. Las hormonas de hipófisis se inactivan al ser ingeridas. Sólo valen si se inyectan o se administran por vía nasal. El polvo de páncreas de oveja o de vaca, para tener algún efecto sobre la digestión, tendría que estar en buena cantidad, lo que no ocurre. Y, además, no tiene ninguna utilidad en el tratamiento de la obesidad.
Polvo de tiroides. Problema grave. Suele ser polvo de hormona tiroidea de cerdo. La función tiroidea es normal en los obesos, y está contraindicado el uso de dicho polvo en el tratamiento de la obesidad. Puede alterar el ritmo cardíaco. Y lo más grave es que cuando proporcionamos hormona tiroidea desde el exterior, nuestra glándula deja de funcionar, deja de producirla, se hace perezosa. Tanto, que cuando suspendemos la ingestión de hormona, nuestra glándula no actúa y entonces engordamos.
Extractos vegetales, como fumaria. No hay ninguna prueba de que sea útil.
Sedantes. Como en la composición entran inhibidores del apetito con componentes de anfetaminas, que producen nerviosismo, se trata de proporcionar sedantes para que no haya alteración. Pueden llegar a crear dependencia.
Anorexígenos. Son los que quitan el apetito con componentes anfetamínicos. Quitan el apetito y excitan; para evitar excitación, se proporcionan sedantes de manera que el sistema nervioso central está sometido a dos fármacos distintos.
Diuréticos y laxantes. Y, por si fuera poco, se proporcionan diuréticos (se busca perder grasa, no agua) y laxantes, con lo que se fuerza la maquinaria digestiva.

Éste es un cóctel farmacológico contraindicado que no debe ser prescrito ni dispensado. La mejor y la única forma racional de adelgazar se basa, según los conocimientos que se tienen hasta hoy, en una alimentación variada, completa y que proporcione menos calorías que las que gastamos.
El adelgazamiento ha de ser lento y constante. Es la única forma de que sea eficaz.
La dieta es un tratamiento médico y, por tanto, debe estar en manos de un médico y bajo su control.

 

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