Parásitos internos 1

Coccidios
Como agente representativo tenemos al Cryptosporidium parvum, que reside en el epitelio respiratorio e intestinal de muchos vertebrados: aves, mamíferos, reptiles y peces. Antes se pensaba que sólo era un comensal, pero luego se vio cómo claramente el sobrecrecimiento de estos parásitos provocaba problemas digestivos en las distintas especies, como diarreas crónicas con pérdida de peso. Los huevos u ooquistes que se eliminan por las heces de los animales infestados pasan a ser directamente infectivos a diferencia de otros parásitos que necesitan estar uno días en el exterior para esporular y ser contagiosos. Son parásitos muy frecuentes, al igual que las Giardias, y ambos son más difíciles de diagnosticar en análisis coprológicos por flotación convencionales porque son demasiado pequeños para visualizarse. Otro coccidio muy conocido es el Toxoplasma, que produce la tan conocida enfermedad en humanos, la Toxoplasmosis. Es una enfermedad que puede dar especialmente problemas en mujeres embarazadas o niños inmunodeprimidos. Por eso existe tanto miedo con los gatos y las mujeres embarazadas. Este recelo puede llegar a ser tal que incluso en muchos casos llegan a plantearse el dar a su animal de toda la vida cuando su ginecólogo les informa de esta enfermedad. A diferencia de la anterior, tenemos la ventaja que los ooquistes o huevos de toxoplasma que se eliminan de un gato infestado y portador no son infectivos inmediatamente; deben estar dos o tres días en el medio para esporular, por lo que si la recogida es diaria no existe ningún riesgo.

Todo eso suponiendo que el gato sea un portador, porque mucrfos de nuestros gatos domésticos comen piensos secos y no salen al exterior, con lo que dos de las maneras más fáciles de que un gato se contagie, que es comiendo roedores o presas infestadas en su juego de cacería o comer carne o verdura cruda, se reducen hasta eliminarse en muchos casos. No debemos olvidar que el gato hace de reservorio de la enfermedad, pero no es el mayor riesgo para nosotros. De hecho, la mayoría de personas tenemos anticuerpos de esta enfermedad, lo que significa que en algún momento de nuestra vida nos infestamos, pero no se nos produce ninguna sintomatología. Eso puede suceder cada vez que comemos carne cruda o poco cocinada, verduras mal lavadas o cuando tocamos tierra de jardín y no tenemos la precaución de lavarnos bien las uñas y las manos de la tierra. Así que es ahí donde principalmente una mujer embarazada ha de estar pendiente; su gato no va a suponer una amenaza. Diferente sería si estuviésemos hablando de un gato de la calle. Para quedarnos más tranquilos podemos llevar a nuestro gato al veterinario para que le realice una revisión y nos dé más información antes de precipitarnos en tomar una decisión equivocada. El hecho de tener anticuerpos ya nos está protegiendo a las mujeres embarazadas de nuevos posibles contagios.

Giardias
Es otro parásito muy pequeño y microscópico que en forma adulta se encuentra en las heces de muchas de nuestras mascotas provocando diarreas crónicas, sobre todo en gatitos jóvenes de madres desconocidas, gatos adoptados de refugios o de la calle. El contagio es muy alto y existe una gran prevalencia de esta enfermedad. Por suerte, los tratamientos son efectivos si se siguen las pautas recomendadas por nuestros veterinarios.
Aligualquela Criptospon’diosis, los animales infestados eliminan los ooquistes en sus heces ya esporulados, con lo que pasan a ser directamente infectivos una vez en el medio exterior.
No está del todo claro que las especies de perros y gatos sean infectivas a los humanos pero, puesto que no está del todo claro, se ha de tener precaución al recoger las heces de gatos parasitados. Por supuesto, los humanos pueden contagiarse por las mismas vías que nuestros animales, como hemos visto en otros casos. Por suerte, las medidas de higiene que tenemos nosotros no pueden compararse con las de nuestros animales y, más aún, con los animales salvajes. Por ello el riesgo es mucho mayor en ellos.
Las diarreas, en cualquier gato, pero sobre todo si ese gato es joven, han de tenerse como principal indicio de una parasitosis interna y, en segundo lugar, como un problema dietético. Muchos gatos están desparasitados y aún así pueden contagiarse de parásitos y eso ocurre cuando las pautas y dosificaciones no son correctas, cuando no se ha repetido el tratamiento los días recomendados o cuando el producto resulta ineficaz para ese tipo de parásito u animal. En general, la pauta de desparasitación debería ser en gatos adultos cada 3 meses y en gatos jóvenes cada mes hasta los seis meses, siendo importante hacer la primera de ellas a partir del mes de vida y con una repetición quincenal. De todos modos, todos los gatos deberían examinarse de una muestra fecal en una primera visita para asegurarse de su estado de salud interna.

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