Parásitos externos 1

razas de perros

Garrapata

Helmintos: pelodera strongyloiddes
Sus larvas ocasionan en los perros una inflamación prurítica no estacional y de tipo local. Se asocia a condiciones de mala higiene en terrenos húmedos o con material orgánico en descomposición. La presencia de estas larvas se puede confirmar a través de raspados de piel. El cuadro clínico es el típico en el que se ve afectada la piel que contacta más con el suelo (pies, manos, abdomen, la parte del esternón y la zona perineal). La piel se ve entematosa y pierde el pelo, hay prurito intenso y aparecen pápulas que acabarán siendo costras. Éstas llegarán a infectarse con la consiguiente contaminación secundaria bacteriana, debido al rascado del animal. El tratamiento es doble: por un lado, la higiene adecuada del sitio donde están los perros y, por el otro, el tratamiento local de las zonas afectadas con baños y productos antiparasitarios adecuados.
Helmintos: Dirofilaria immitis (gusano del corazón)
Este tipo de gusano se transmite por la picada de un mosquito que ha ingerido microfilarias de un animal infestado. Son las causantes de problemas cardiacos tales como la hipertensión pulmonar, ya que se alojan en las arterias pulmonares donde ocasionan lesiones vasculares reactivas a su presencia. A medida que aumenta el número de gusanos, éstos pueden ir desplazándose hacia el corazón y se pueden producir cuadros clínicos con fibrosis, neumoni-tis, embolizaciones e infartos, con sobrecarga del corazón derecho y la patología asociada a todo ello. Es una enfermedad grave que vale la pena tener controlada para evitar que el animal se infecte, ya que incluso el tratamiento, cuando hay muchos gusanos, es peligroso para la vida del animal.
Artrópodos: arácnidos y garrapatas
En este caso se trata de parásitos hematófagos obligados (que se alimentan exclusivamente de sangre) y que se alimentan sobre todo de mamíferos y pájaros. Su vida es muy larga y son muy resistentes. Las garrapatas pasan por 4 fases a lo largo de su vida: huevo, larva, ninfa y adulto, gracias a las mudas que sufren. Hay garrapatas que realizan todos estos cambios sobre el mismo hospedador y, en cambio, hay otras que deben hacerlo en diferentes hospedadores (dos o tres). Aparte de ser parásitos “asquerosos y repelentes”, su peligro principal es que pueden transmitir enfermedades de una animal a otro. Las garrapatas se encuentran entre las hierbas y los matorrales y cuando perciben un cambio de temperatura por el paso de un posible hospedador, se “suben” a él. Una vez están sobre su huésped, perforan la piel y clavan su “hiposto-ma” (podríamos decir que su boca) y segregan, en la mayor parte de especies, una mucosidad llamada cemento, para asegurar su sujeción y evitar que el sistema inmune del organismo reaccione a su presencia. Además, segregan sustancias que facilitan la extracción de la sangre de la que se van a alimentar. La mayor parte de ingesta de sangre la llevan a cabo las hembras (una sola hembra puede llegar a ingerir 2 ml. de sangre y cuando están llenas, pueden alcanzar 200 veces su tamaño inicial).
Las garrapatas ocasionan ciertas reacciones en el hospedador afectado, como el agravamiento de cuadros anémicos, debilidad, reacción inflamatoria local en la zona donde está enganchada la garrapata, reacciones alérgicas e, incluso, infecciones secundarias por contaminación de otros microorganismos. Hay casos incluso en los que han podido provocar una parálisis ascendente como consecuencia de sus toxinas. Y sin duda, lo más grave que podemos encontrar es la transmisión de agentes patógenos como los virus, bacterias, ricketsias, babesias, filarías, etc. Ante todo, lo primero que debemos hacer con un perro con garrapatas es explorarlo en su totalidad y eliminarlas una a una. Si hay pocas, las cogeremos individualmente: empaparemos primero la garrapata con alcohol o aceite, ayudándonos con un algodón; pasados unos segundos, las cogeremos con unas pinzas o unos guantes, arrancando con cuidado el parásito y asegurándonos que sacamos toda su boca para que no se le haga al perro un quiste. Si el perro está muy lleno de garrapatas, lo que haremos es llevarlo al centro veterinario para que le hagan un baño especial y eliminen todas las existentes. Seguidamente nos proporcionarán un producto especial para rociar el sitio donde vive nuestro perro para eliminar nuevas fuentes de contagio. Además, deberemos ponerle algún producto adecuado preventivo, tipo collar o pipetas, o los dos.

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