Ni actuar por impulsos ni pensarlo todo demasiado

Las personas que son “impulsivas” se lanzan a la acción al sentir un impulso o una emoción fuerte, sin pararse a pensar en las consecuencias.

indecisasTodos tenemos claro que no es bueno dejarse llevar por nuestros impulsos. Desde pequeños nos enseñan a pensar antes de actuar. Se nos recalca mucho la necesidad de controlar nuestro comportamiento antes de lanzarnos a la acción. No obstante, hay personas que lo llevan al extremo, y piensan tanto antes de dar cualquier paso, que al final se sienten bloqueadas y paralizadas.

¿Te dejas llevar?

Si tienes dificultades para pensar antes de actuar, quizá se deba a que sueles dejarte llevar por tus emociones más primarias. Algunas actitudes son típicas de esta “actuación espontánea”:
&bull Pensar a corto plazo. A veces, pararte a reflexionar puede implicar no hacer algo que te gustaría hacer en ese momento pero que sabes que tendrá consecuencias positivas en el futuro. Por ejemplo, si andas mal de dinero y ves un vestido que te gusta, tu parte más racional decidiría no comprarlo. La impulsiva solo pensaría a corto plazo y lo compraría sin tener en cuenta las consecuencias futuras.
&bull Recompensa inmediata. La persona impulsiva quiere las cosas “ya”. Pensemos por ejemplo en alguien que quiere comprarse un coche. Puede que si esperase un poco y ahorrase más, consiguiese uno mejor. Sin embargo, ese deseo de obtener algo que le gusta rápidamente hará que compre el coche en el momento que lo desea.
&bull Descontrol de las emociones. Es típico de una persona impulsiva no saber controlar las emociones. Por ejemplo, en una discusión con una amiga, dicen lo que se les pasa en ese momento por la cabeza, “estallan” y reaccionan de forma agresiva. Luego, al pensar en la situación seguramente se arrepienten de su actuación, pero en el momento les parece que no pueden evitarlo.

¿Eres demasiado racional?

En el otro extremo de las personas muy impulsivas, que actúan sin pensar, están las personas muy obsesivas, que piensan tanto las cosas que al final no entran en acción.
&bull Excesivamente reflexivas. Cuando hay un problema le dan vueltas y vueltas, pero no de una forma “lógica”, tratando de buscar una solución, sino de una forma circular. Se dicen las mismas frases una vez y otra, creyendo que si piensan mucho en ello encontrarán una solución. Pero al final, el malestar emocional que crea ese “círculo” en el que se meten es el que les impide alcanzar la solución y esto les puede llevar a la insatisfacción permanente.

Encontrar un punto medio

La capacidad de controlar los impulsos es una parte fundamental de la inteligencia emocional. Debes aprender a “frenarte” en determinados momentos y reflexionar sobre las opciones disponibles y las consecuencias que pueden reportar tus decisiones en cada momento. Pero no debes llegar a caer tampoco en el error de que ese proceso de reflexión te impida actuar, te bloquee y haga que nunca alcances tus objetivos. Buscar la “solución perfecta” es prácticamente imposible. La clave está en el equilibrio, en encontrar un punto medio. Y para ello debes conocer tus debilidades —que te hacen actuar emotivamente— y tus miedos, que te hacen actuar con demasiada cautela.

Cómo conseguir “controlarse”
• Descubre qué situaciones te “disparan” para poder actuar antes de que ocurran y estar más preparada.
• Retrasa tus respuestas en esas situaciones. Una vez que sepas cuándo pierdes el control, concentra tu atención en el momento que ocurra y no des respuestas inmediatas.
• Analiza qué puedes hacer y cuáles serán las consecuencias de tu decisión. Haz este análisis también a largo plazo.
• Utiliza estrategias de autocontrol emocional cuando sientas un impulso (por ejemplo, la respiración y la relajación). Practícalas a menudo para tener mayor control sobre ellas.
Indecisas: cómo pasar a la acción
• Márcate plazos para decidir. Darte demasiado tiempo para pensar no hará que tomes siempre la mejor opción. Decide una fecha límite, en la que tendrás que tomar la decisión. Y no la prorrogues.
• Diferencia los problemas leves (los que en realidad tienen poca trascendencia) de los graves. Descubrirás que hay muchas situaciones que te permiten ser más espontánea y dejarte llevar. Asume que, con frecuencia, debes cambiar tus pensamientos obsesivos por otros en los que prevalezca el sentido común y el razonamiento lógico.
• Deja lugar a la incertidumbre.
Si consigues aceptar un cierto grado de duda, serás más racional en el momento de tomar decisiones porque no te exigirás el estar siempre segura de no cometer ningún tipo de error.
No busques la solución perfecta. Puede que te cueste decidirte porque siempre quieres hacer las cosas bien. Como esto es imposible, al final puedes llegar a sentirte paralizada, por el análisis interminable que haces. Busca siempre la solución que te parezca más positiva, pero piensa también todo lo que puedes ganarsi actúas en lugarde esperar la solución “ideal”.

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