Morbilidad y mortalidad asociadas a la obesidad

La obesidad supone una sobrecarga importante para el sistema locomotor y, sobre todo, para los sistemas cardiovascular y respiratorio del obeso, que debe hacer frente a una mayor masa con una maquinaria fisiológica adecuada para un tamaño más moderado.

Además, hay una serie de enfermedades metabólicas graves muy directamente relacionadas con la obesidad, como la diabetes de tipo II o la hipertensión y la aterosclerosis, enfermedades que se cobran directa o indirectamente un número importante de vidas cada año. Todos estos factores inciden en una mayor mortalidad en las poblaciones de obesos que en las de personas con peso normal.
La mortalidad asociada a la obesidad está directamente relacionada con el grado de severidad de ésta, de modo que si se compara la probabilidad de muerte de la población por todas las causas con su índice de masa corporal se obtienen curvas en forma de «U», que indican que esta mortalidad es muy elevada en personas muy delgadas —IMC de menos de 20—) y en personas muy obesas, con índices de mortalidad que van creciendo con el grado de obesidad hasta duplicarse por encima de un IMC de 40. Este tipo de curva —para algunos tiene forma de «J» y para otros de «U»— ha servido de base para establecer también que existe un peso corporal determinado para el que la mortalidad global —estadística— de la población es más baja que para los demás grupos de peso corporal inferior o superior. A esta masa corporal se la ha considerado habitualmente como el «peso ideal». Corresponde a un índice de masa corporal de entre 23 y 27 aproximadamente, tanto para hombres como para mujeres —el valor concreto varía según los estudios; en algunos casos se han hallado pesos ideales más próximos a 22 y en otros más cerca de 27—, lo que da un valor medio estándar de IMC = 25 como peso ideal. Tomando como base estos datos estadísticos, obtenidos del estudio de gran número de personas a lo largo de los años, se han construido tablas de pesos ideales que han servido para denunciar el peligro que corren las personas con sobrepeso u obesidad. Estas curvas no son válidas igualmente para todas las edades, pues en la vejez al parecer hay una cierta correlación entre índices de masa corporal más elevados y probabilidad de supervivencia; es decir, entre los ancianos, los que conservan más masa corporal —dentro de ciertos límites— parece que tienen un índice de mortalidad más bajo que los que se han adelgazado mucho. También debe tenerse en cuenta que éste —al igual que los estudios derivados de la mortalidad en las poblaciones— es un planteamiento eminentemente estadístico, sin valor de predicción para personas concretas.
La mortalidad asociada con la obesidad se produce sobre todo por la prevalencia en enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo II y cáncer. Debe distinguirse, sin embargo, que como factor de riesgo cobra cada vez mayor interés el cociente cintura/cadera, por encima incluso del índice de masa corporal, ya que el riesgo de infarto de miocardio o de accidente vascular cerebral, por ejemplo, están más ligados a la distribución de grasa androide que a un mayor o menor grado global de obesidad. También hay que tener en cuenta otro factor adicional con relación a la morbilidad asociada a la obesidad: la edad. El riesgo aumenta con la edad, de modo que un obeso mórbido de distribución androide ya mayor, antes de llegar a la vejez, tendría las máximas probabilidades estadísticas de sufrir alguna de las complicaciones de la obesidad.
La hipertensión arterial es una enfermedad muy común que se asocia en una elevada proporción a la obesidad; es unas 2,5 veces más frecuente en obesos que en personas con peso normal.
La hipertensión está además correlacionada con la obesidad de distribución androide de la grasa corporal. Este mismo grupo es el que tiene también una mayor incidencia en diabetes de tipo II. La coexistencia de una resistencia a la insulina, con niveles altos de ésta, elevada concentración de lípidos en sangre y diabetes de tipo II ha sido denominada gráficamente por Kaplan «el cuarteto de la muerte».

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