Medida y clasificación de la obesidad

La medida de la cantidad de grasa corporal es un proceso complicado.

Puede hacerse determinando la densidad del cuerpo, ya que la grasa tiene menor densidad que la masa magra: se pesa al paciente sumergido en agua para determinar su volumen y se divide el peso por éste, la densidad media así obtenida nos permite determinar el porcentaje de grasa mediante una sencilla ecuación. Otro método aproximado se basa en el estudio de numerosas series de cadáveres a los que se ha determinado la cantidad de grasa o de grupos de personas a los que se ha valorado el porcentaje de grasa con algún método fiable y que han servido para correlacionar los datos de masa grasa con una serie de medidas anatómicas determinadas. De este modo, la determinación del grosor de varios pliegues de la piel permite obtener una buena aproximación de la masa grasa. Hay una serie de métodos invasivos, no utilizados más que en investigación, en los que se inyecta un trazador que se distribuye desigualmente en la masa magra y la masa grasa; la medida de su distribución permite determinar el porcentaje de grasa. El diferente comportamiento eléctrico y dieléctrico del tejido graso y del resto de tejidos corporales ha permitido desarrollar métodos de conductancia e impedancia eléctrica que permiten valorar el porcentaje de tejido graso en un individuo midiendo la conductividad eléctrica y la impedancia con instrumentos relativamente sencillos. Estos sistemas son muy cómodos y requieren sólo una valoración previa con métodos más directos, teniendo una Habilidad parecida a los otros métodos corrientemente disponibles.
Para el estudio de poblaciones y como elemento diagnóstico rápido se suele utilizar el índice de Quetelet o índice de masa corporal (IMC), que es una medida muy extendida aunque imprecisa del grado de obesidad de un determinado individuo.
Otros autores utilizan para valorar el grado de obesidad unas tablas correspondientes a una población ideal en las que hay entradas para sexo y altura —a veces corregidas por estructura ósea ligera, normal o pesada— y que establecen el peso ideal. La diferencia entre el peso ideal —correspondiente en principio a un valor de IMC entre 20 y 25 según cuál sea el criterio del autor de la tabla— y el real es el exceso de peso, que se puede expresar en términos absolutos —kg)— o relativos —tanto %—.
Además del grado de obesidad —mejor del porcentaje de grasa— es importante conocer la distribución de esta grasa, pues precisamente la forma en que ésta se distribuye tiene mucho que ver con el pronóstico de la obesidad por existir importantes diferencias metabólicas y funcionales entre ellas. Simplemente midiendo la relación entre el perímetro de la cintura y el de las caderas se obtiene un valor, el cociente cintura/caderas, que permite determinar a qué tipo de distribución de la grasa corporal pertenece el paciente. Un índice igual o superior a 1 para el hombre y a 0,85 para la mujer indica que hay una fuerte acumulación de grasa en la cintura, es decir, que la grasa se ubica sobre todo en la parte superior del cuerpo: distribución superior, central, en forma de manzana o androide —típica del hombre—; mientras que un valor inferior a 1 para el hombre y a 0,85 para la mujer indica que la anchura de las caderas es mucho mayor y que la grasa se ubica sobre todo en la parte baja del cuerpo, por debajo de la cintura, y que tenemos una distribución de la grasa inferior, periférica, en forma de pera o ginoide —típica de la mujer—. Hay que señalar, sin embargo, que también hay hombres obesos con distribución ginoide y mujeres obesas con distribución androide, aunque en general los hombres presentan una distribución androide y las mujeres ginoide.
En general, la distribución androide —central— comporta que la mayor parte de la grasa es visceral, es decir, está situada entre las visceras en el propio interior del cuerpo; mientras que la ginoide —periférica— suele estar más relacionada con una distribución subcutánea, es decir, la grasa está preferentemente situada en masas debajo de la piel. La grasa visceral es mucho más difícil de perder y provoca más complicaciones metabólicas que la grasa subcutánea, estando asociada a un mayor número de enfermedades que suelen aquejar a los obesos: diabetes, aterosclerosis, problemas cardiovasculares, etc.
La obesidad, pues, se puede clasificar según su masividad en sobrepeso —IMC entre 25 y 30—, obesidad —IMC entre 30 y 40— y obesidad mórbida —IMC superior a 40—; pero al mismo tiempo se puede definir, según su distribución central o visceral —androide— (cociente cintura/cadera mayor de 1 o 0,85 para hombres y mujeres, respectivamente) y periférica, subcutánea —ginoide— (cociente cintura/cadera menor de 1 o 0,85 para hombres y mujeres, respectivamente).

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