Los planetas transpersonales

Además de las Casas Astrológicas, hay tres planetas directamente vinculados al mundo espiritual. Son Urano, Neptuno y Plutón, llamados “transpersonales”, porque influyen más allá de la vida individual de una persona. Así gobiernan a generaciones enteras o marcan largos períodos de tiempo.

Urano

Dios del cambio
De un amarillo brillante y fulguroso que nos ciega los ojos, sin embargo, el planeta nos ayuda a ver con claridad. Hace que uno sea capaz de ver lo nuevo y genera los cambios más importantes en nuestra vida.
Su efecto puede ser peligroso, porque es súbito, anárquico y promueve modificaciones radicales. De ahí que, no haya tránsito de Urano que pase desapercibido. Se trata de una energía es vital, que fuerza al alma a transformarse o a perecer, a perder la creatividad, la libertad. Urano es rebelde, así que nos ayudará a ser libres y a terminar con cualquier tipo de imposición. Sin embargo, los cambios que genera transcurren con dolor y promueven complejos procesos, así como, miedo y rupturas. Su poder es fuerte y se trata de un planeta duro, pero su acción devastadora es necesaria.

Neptuno

Dios de los Mares y la disolución
Neptuno teñirá nuestros ojos de un azul verdoso y bello como las aguas del mar. Es un planeta esencialmente espiritual y, también, otro generador de cambios. Pero, en este caso, se trata de transformaciones graduales, disolventes.
El planeta llega directo al alma y nos penetra con su energía, pero lo hace de forma sigilosa, casi anestésica. Está conectado a la fantasía, el amor, el desborde emocional; una fuerza afectiva que nos forzará a hacer cambios y que resulta inmanejable. Como el mar que da en la roca, corroyéndola año tras año hasta hacer que desaparezca.
Neptuno es también un planeta que genera confusión y engaños. Los tránsitos de Neptuno son los más espirituales, porque uno descubre en ellos aspectos sanadores, o bien, hace importantes descubrimientos personales.
Asimismo, promueve cambios radicales como los de dedicarse a otro trabajo, enamorarse o romper con alguien, dedicarse al arte, tener hijos, comenzar una nueva vida, mudarse.
Hay que estar preparado para escucharse a uno mismo, porque no siempre suele ser fácil reconocer las necesidades que este astro nos plantea.

Plutón

Dios de las grandes transformaciones
Plutón oscurece el día con un rojo oscuro, que llegará a ser negro, a veces, si la crisis que él provoca es muy profunda. Él es el gran transformador, el planeta que nos lleva a tocar fondo, que nos hace sufrir con tanta intensidad, que nos fuerza a crecer de golpe. Es quien más nos enseña, a la fuerza.
Nos llenará de miedos, rebeldía, criticará lo que hagamos, nos instará a renacer de las cenizas, pero primero hará que muramos, ya se trate de etapas, personas, relaciones, ideas, sentimientos. Es su forma de exigirnos que dejemos entrar a otros nuevos.
Plutón es el planeta relacionado con los procesos espirituales más intensos, ligados al sexo, la ambición, el poder, la fuerza de voluntad, los deseos. Es peligroso, porque uno toma decisiones drásticas y puede equivocarse. Marca el tiempo de reconocernos y de seguir a nuestro corazón.

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