Las enfermedades de los gatos y sus causas 1

Las sustancias químicas desarrollan acción tóxica con especial facilidad en los gatos, al no estar su hígado tan bien adaptado para la detoxicación de sustancias extrañas como el del perro o el hombre.

La alimentación se convierte en causa de enfermedad cuando se ingieren raciones muy escasas y los gatos adelgazan consecuentemente. En sentido contrario actúa la ingestión excesiva de alimentos, que origina el cuadro patológico de la obesidad, con su secuela de afecciones. Pese a ingerir el gato una ración suficiente, puede padecer estados carenciales, con sus consecuencias, si recibe exclusivamente una clase de carne, como por ejemplo corazón de vaca. El exceso de fósforo y vitamina A ocasiona graves lesiones en el esqueleto, que reducen notablemente la movilidad del gato. Este peligro sólo existe cuando la alimentación es monótona a base de un pienso de elaboración propia. En cambio, los piensos enlatados contienen una proporción tan escasa de la carne que en cada caso da nombre al producto, que incluso cuando el gato consume solamente el pienso que más le gusta, no se produce ningún trastorno.
Existe una gran cantidad de seres pequeñísimos capaces de ingresar en el organismo del gato, donde se multiplican y provocan con ello manifestaciones patológicas. Este proceso recibe el nombre de infección. Entre los agentes infecciosos se cuentan virus, bacterias, hongos y parásitos.

Los virus son los seres vivos más pequeños (10-300 nm de diámetro) y pueden provocar enfermedades. Prácticamente están constituidos sólo por material genético y una envoltura. Tras penetrar en las células del organismo hospedador, las utilizan para su multiplicación, con lo que las células mueren muchas veces. Es difícil combatir los virus con medicamentos, ya que los viricidas (= destructores de virus) matan con frecuencia las células del hospedador, por lo que suelen ir acompañados de muchas acciones secundarias. Por añadidura, los medicamentos hasta ahora más eficaces contra los virus son relativamente caros, por lo que rara vez son utilizados en medicina veterinaria.
Las bacterias son organismos unicelulares presentes en toda la naturaleza y que con frecuencia cumplen importantes funciones metabólicas.

También en la piel, mucosas e intestino se asientan naturalmente bacterias sin desarrollar acción patógena. En muchas ocasiones son incluso necesarias, como por ejemplo para garantizar la digestión normal en el intestino desdoblando determinados productos metabólicos. A diferencia de los virus, que sólo pueden multiplicarse en cultivos celulares o en animales de laboratorio, las bacterias también crecen en medios nutricios artificiales, una especie de caldo al que se incorporan sustancias gelificantes. A partir de material obtenido para análisis, v.gr. torundas de secreción nasal u ocular, las bacterias presentes pueden cultivarse en estufa en el plazo de pocos días, identificándose a continuación. De esta manera puede elaborarse asimismo un antibiograma, es decir, determinar qué medicamento (antibiótico) es más eficaz. Los antibióticos son sustancias naturales, obtenidas de mohos o fabricadas sintéticamente, que matan las bacterias o por lo menos detienen su crecimiento. Desde su descubrimiento en 1928 se han extendido por todo el mundo, contribuyendo así decisivamente a que muchas enfermedades bacterianas hayan perdido su importancia.

Los hongos son organismos pluricelulares, pertenecientes al reino vegetal. Diversas especies se asientan sobre la piel o mucosas, mientras que otras pueden afectar también a órganos internos, como pulmones, etc. Algunos mohos presentes en alimentos producen sustancias tóxicas que, tras su ingestión, provocan trastornos digestivos que pueden llegar a ser verdaderas intoxicaciones. Requisito previo para que se produzcan infecciones por hongos es la debilitación del sistema inmunitario o bien la existencia de lesiones en la piel. Lo mismo que las bacterias, los hongos pueden cultivarse también sobre medios nutricios especiales, lo cual permite asimismo identificar los hongos responsables de la infección.

Por último, parásitos son animales uni o pluricelulares que de forma transitoria o perpetua se mantienen en el exterior o interior de otro organismo a cuya costa viven (parasitan). Perjudican a su hospedador sustrayéndole sustancias alimenticias o sangre y vertiendo en él muchas veces a cambio productos metabólicos tóxicos. Aun cuando no sea su propósito matarle -ya que entonces quedarían sin fuente de alimento- cuando los parásitos están presentes en gran número, pueden provocar graves enfermedades. Se distingue entre ectoparásitos, parásitos externos que viven sobre la piel o en el interior de ésta, y endoparásitos, que viven en el interior del animal anfitrión.

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