La educación del cachorro 1

Un ejercicio que se ha de repetir cada día
El perro tiene un olfato notablemente sensible, por lo que percibiendo los olores impregnados en la arena o en el papel de periódico (si hace sus necesidades en casa) o en la tierra de su jardín, repitiendo el ejercicio cada dos horas, aprenderá deprisa a hacer sus necesidades siempre en el mismo sitio.
Lentamente el animal se acostumbrará a ir al lugar que se le ha asignado, convirtiéndose en un perro limpio y educado:
Cuando sea adulto sus exigencias fisiológicas se limitarán a un par de evacuaciones diarias. Pero esté tranquilo, porque si usted se olvida el propio perro le recordará que tiene que salir y no estará tranquilo hasta que le abra la puerta, pidiéndoselo con gimoteos o arañando la puerta.
Si por casualidad su amigo se equivoca y hace sus necesidades donde no corresponde (en la alfombra o en el suelo), deberá limpiar inmediatamente con cuidado el lugar con un detergente (nunca con amoniaco) para eliminar cualquier rastro del olor de la orina o las heces. De lo contrario su perro volverá a cometer el error, ya que usted le ha acostumbrado a aliviarse donde se han impregnado sus olores.
Si lo sorprende en una falta podrá regañarlo cogiéndolo por el colodrillo, pero nunca debe golpearlo. Utilizando un tono fuerte y amenazador conseguirá el efecto contrario, una «meadita» instantánea provocada por el miedo, y consecuencias negativas para su carácter que desembocarían en timidez, miedo y propensión a la suciedad.
Con todo, en los primeros meses de vida ocurrirá que el cachorro eche una meadita de repente al encontrarse con un acontecimiento emotivo, como por ejemplo la llegada del amo a casa después de unas horas de ausencia o
la proximidad de una persona desconocida.Estos comportamientos son totalmente normales y no comprometen la educación y la obediencia de su perro. Por lo tanto, tenga paciencia, ya que son episodios que se producirán en un tiempo limitado si corrige oportunamente los errores de su perro.
En efecto, tiene gran importancia su comportamiento y la coherencia de su enseñanza; recuerde que si un perro ensucia la casa, a menos que haya motivos justificados (un embarazo que comprime la vejiga, cistitis, incontinencia de la vejez u otras enfermedades), no es culpa del animal. La responsabilidad es del propietario, porque no ha sido capaz de impartirle una educación correcta.
La obediencia
Un perro desobediente y maleducado se convertirá muy pronto en una molestia para usted y sus invitados. Por lo tanto, es imprescindible un mínimo de disciplina. Un «¡no!» seco, decidido y firme será la primera lección y la primera palabra de mando que deberá aprender su cachorro desde el principio de la vida en común. Grite «¡no!» cuando haga las necesidades donde no debe, si mordisquea un zapato, una colcha o un mueble, si se sube a los sillones, si pone las patas en la mesa, etc. La orden «¡no!» debe quedarle bien clara a su cachorro. No dude, si es necesario, en utilizar un tono severo de enfado y en darle unos golpecitos en el hocico si lo encuentra «con las manos en la masa». Pase por alto la falta si usted no estaba presente cuando la cometió. Y si ve al perro cogiendo un objeto que le está vedado, regáñelo, pero no lo llame hacia usted para después castigarlo. El cachorro debe aprender a acercarse a usted para que le haga mimos o para que le dé una golosina.
Si lo llama para castigarlo, el cachorro tratará de evitarle y se esconderá, con el consecuente fracaso de su intento de adiestramiento.
En los primeros meses de vida el perro cambiará también todos los dientes. La comezón de las encías le inducirá a mordisquearlo todo, con grave daño en consecuencia para muebles y alfombras. Ponga a su disposición una zapatilla vieja, un hueso de piel de búfalo, una manta vieja en su caseta o cualquier otro juguete para que pueda morderlo cuando quiera aliviando así su malestar con objetos de poco valor.
Si debe estar fuera de casa un periodo largo (toda la mañana para ir a trabajar) conviene que lo encierre en una habitación adecuada o en el baño, donde no podrá estropear muebles, cortinas o sillones. Otra posibilidad es comprar una cerca móvil (disponible en cualquier tienda especializada en productos para animales) que colocará en el espacio alrededor del lecho.
No debe permitirle que se suba a la cama, pues de otro modo no se librará nunca de este vicio. Por el mismo motivo no debe acostumbrarlo a subirse a los sillones, ya que tendrá asignada su propia caseta o cama.
En caso de que las butacas no estuviesen prohibidas para su perro, le aconsejo que establezca al menos cuál podrá utilizar a su antojo, de forma que usted pueda cambiar la funda para su limpieza periódica, especialmente en las etapas en que el perro cambie el pelo.
Por último, enséñele que no puede echarse encima de las personas: no a todo el mundo le gustan las fiestas del perro. Pero es inevitable que el cachorro intente demostrar afecto a todos sus amigos y visitas. Acostúmbrelo a recibir las caricias en la posición de «sentado», otra orden importante que se ha de emplear en la fase de adiestramiento, y enseñe a sus amigos a acariciarle debajo del hocico, para que pueda acostumbrarse a mantener un porte orgulloso, como el que se pide a un perro de exhibición.

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