Introducción a Nosotras y nuestras actitudes

Podemos manifestar actitudes a través de los pensamientos, de los sentimientos, del cuerpo y de las palabras. Toda actitud pide una forma de acción visible o invisible. Esa acción nos coloca en el proceso de invocar y vivenciar las cualidades esenciales que queremos imprimir en nuestra vida. Cuando intelectualmente comprendemos algo, es necesario que anclemos en el corazón esa comprensión y la transformemos en una actitud que estamos dispuestos a asumir.
Son infinitas las maneras como podemos actuar, y toda acción implica una elección que se refleja inmediatamente en el ambiente donde vivimos. Cuando podemos estar atentos al modo como actuaremos, nuestros actos se revestirán de las actitudes que elegimos asumir y creamos una red luminosa y sincrónica de calidad que lleva todo a fluir en sintonía con nuestras elecciones.
Así, actitudes consciente y amorosamente asumidas son la clave para vivir en sintonía con nuestra verdadera Esencia. Responder, aquí y ahora, con el gesto, la palabra, el sentimiento o el pensamiento correctos y apropiados es la dádiva más plena que podemos acoger en el centro de nuestro Ser.
En toda la Naturaleza, miríadas de seres invisibles están haciendo una profunda interacción energética para que nuestros sentidos sientan la realidad multicolor y multifacética que nos rodea. Nosotras, seres humanos, somos una parte muy importante de un todo vibrante e integrado en muchas dimensiones de vida y conciencia. La calidad de vida en ese “todo” depende mucho de las actitudes que decidimos vivir.
Cuando una flor se abre en la floresta y un colibrí viene a libar su néctar, es posible intuir la presencia de la alegría en la vulnerabilidad de la flor que se abre y se entrega al beso del pájaro. Sus actitudes son orgánicas y reflejan la dádiva de la preciosa y equilibrada sincronía que une a todo en la Naturaleza.
El Ser Humano es el único que puede elegir conscientemente la dirección de sus acciones, tornando visibles las intenciones de su Esencia Divina y, a través de sus actitudes, demostrar el valor de sus palabras, el poder de sus pensamientos y el calor de sus sentimientos en todo lo que realiza.
Cuando realizamos toda y cualquier acción, sea sencillamente pensando, sintiendo o actuando concretamente (teniendo presente que “no actuar” en la hora y el momento correctos es una forma de acción), conscientes de la correcta actitud para cada momento, creamos una abertura hacia las dimensiones más profundas en nuestro Ser, donde tenemos acceso al Amor y a la Sabiduría sin límites.
La calidad presente en nuestra conciencia cuando asumimos actitudes es lo que determina el campo vibratorio y sensible donde vamos a actuar y vivir la plenitud de ser, simultáneamente, humanos y divinos.

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