Etiología de la obesidad

Estas aproximaciones son muy útiles en clínica y en investigación, pero sólo dicen cómo es la obesidad, no cómo se ha producido.

Es decir, no nos informan de la etiología de la obesidad, algo esencial si lo que pretendemos es curarla. Hay muchas clasificaciones etiológicas que incluyen casos más o menos raros y que suelen dejar de lado la mayoría de las obesidades corrientes por nuestro profundo desconocimiento de por qué se producen. Sin embargo, podemos establecer una breve lista de etiologías para la obesidad que no pretende ser exhaustiva, sino sólo indicativa:

Obesidad genética
Obesidad de base dietética
Obesidad por defecto de ajuste del ponderostato
Obesidad por defecto termogénico
Obesidad neurógena
Obesidad endocrina
Obesidad iatrogénica

La obesidad tiene un cierto grado de heredabilidad y en algunos casos —ratas genéticamente obesas— el carácter obeso se transmite siguiendo las leyes de la herencia como un único fallo determinado genéticamente. Muy probablemente los demás tipos de obesidad reseñados respondan en mayor o menor medida a condicionantes genéticos, por lo que deben ser muy tenidos en cuenta.
La obesidad de base dietética puede deberse a efectos específicos de los alimentos —culpabilidad hasta ahora atribuida primero a los glúcidos y luego a las grasas—, que no han podido ser demostrados ni tan sólo de modo tentativo o, más probablemente, a una amplia disponibilidad de materiales alimenticios, atrayentes por su sabor, ricos en energía y de fácil asequibilidad. Esta disponibilidad podría favorecer la aparición de obesidad en individuos predispuestos genéticamente o por condicionamiento neural o psicológico.
Probablemente la mayor parte de obesidades se deban, sin embargo, a desajustes o ajustes erróneos —por mecanismos que hasta el momento nos son desconocidos— del ponderostato o sistema de ajuste y control del peso corporal. Un ajuste elevado comporta la deposición y mantenimiento de elevadas cantidades de grasa, mientras que un ajuste más bajo implica su pérdida empleando los mecanismos fisiológicos de control que se suponen perfectamente funcionales. En este tipo de obesidad, los sistemas del organismo luchan para mantener este peso independientemente de los esfuerzos —control de la ingesta, dietas, etc.— que se hagan para variarlo.
Un defecto termogénico, es decir, la incapacidad de eliminar en forma de calor el alimento ingerido en exceso, por encima de nuestras necesidades fisiológicas del momento, puede ocasionar obesidad; éste es el caso de las ratas genéticamente obesas indicado más arriba. Es improbable que en el caso de los humanos pueda afectar a un número importante de individuos.
La obesidad neurógena sería aquella cuya causa primaria consiste esencialmente en un desajuste funcional de los sistemas de control neural del peso corporal, que afectarían a la función del sistema nervioso autónomo así como a otras influencias, generalmente procedentes de niveles neurales superiores y relacionadas con la actividad cognitiva e integradora superior: hipoactividad, depresión, otras alteraciones psíquicas, etc. En estos casos, la alteración de la secreción de neurotransmisores afecta a la actividad del sistema nervioso autónomo, que modula el funcionamiento de los sistemas termogénico y de deposición de grasa de reserva.
Hay varios tipos de obesidad endocrina conocida, aunque es raro que se encuentren casos «puros» ya que en la mayoría de los casos, la disfunción proviene de otro nivel —generalmente neural— y simplemente se manifiesta con una alteración endocrina. Los tipos más corrientes son el hipotiroidismo —déficit de producción de hormonas tiroideas—, el hiperinsulinismo —exceso de producción de insulina, común a muchas obesidades— y el hipercorticismo —exceso de secreción de glucocorticoides—, también común a muchos tipos de obesidad.
La obesidad iatrogénica —producida por medicamentos— no es tampoco muy común, aunque sí lo es si incluimos en este apartado las posibles obesidades producidas por tratamientos de la obesidad inadecuados. Entre los medicamentos que inducen el acumulo de grasa encontramos los glucocorticoides y algunos antidepresivos, como la amitriptilina y las hidrazidas, utilizadas en el tratamiento de la tuberculosis.

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