Inflamaciones articulares (Artritis)
La inflamación de una articulación, artritis, es rara en los gatos. La articulación afectada aparece típicamente inflamada, caliente y dolorosa y el animal la protege de la mejor manera. La curación se consigue con medicamentos antiinflamatorios, si es preciso inyectados en la cavidad articular, y aplicando compresas frías.
Bastante más frecuente es la ligera inflamación de todas las articulaciones, como signo de acompañamiento de infecciones febriles. Son la causa de que el gato apenas camine y de que lo haga con marcha envarada; se desplaza o salta sólo con desgana. No son raras las cojeras alternativas en extremidades anteriores y posteriores. Estas artritis curan al tratar la enfermedad principal.
Artrosis
Por artrosis se entiende un proceso de deterioro e involución de la articulación, en el cual sus elementos conjuntivos, y por ello elásticos, tienden a osificarse. Con ello, queda muy limitada la movilidad de la articulación.
En los gatos de edad avanzada (a partir de unos 10 años), se descubren ocasionalmente alteraciones de este tipo en las articulaciones de la columna vertebral. Entonces se forman conexiones óseas entre las vértebras, como consecuencia de lo cual se torna rígida toda la columna vertebral. El resultado de esto es que el gato no puede realizar determinados movimientos, como por ejemplo alcanzar con la boca el tercio posterior del cuerpo para asearse.
La formación de los «puentes» cursa con accesos aislados y dolorosos. El gato tiene entonces problemas sobre todo para saltar o subir y bajar escaleras; a veces, también para ponerse en cuclillas durante la micción o defecación.
Sólo los accesos agudos precisan tratamiento con antiinflamatorios y analgésicos. La osificación final no lleva consigo ningún dolor; sólo supone la limitación de los movimientos.
Fracturas óseas
La mayoría de las fracturas óseas son consecuencia de atropellos automovilísticos. Es raro que presenten este tipo de lesiones los gatos mantenidos en viviendas. Los huesos que se fracturan con máxima frecuencia son los del brazo y mandíbula inferior; en el tercio posterior, fémur y tibia, y huesos de la cadera.
Las fracturas óseas spn siempre muy dolorosas, impidiendo el apoyo de la extremidad afectada. De acuerdo con la situación y grado de la fractura, la extremidad aparece extendida, pende inmóvil o exhibe un ángulo anormal. En las fracturas de cadera, el animal arrastra en ocasiones ambas patas traseras.
El veterinario suele descubrir mediante palpación el punto de fractura. Sin embargo, debido al fuerte dolor que siente el animal, puede ser necesario practicar una anestesia. Una radiografía aporta más detalles sobre la fractura: por ejemplo, la distancia que separa ambos extremos óseos fracturados, y si existen astillas óseas. Conviene saber lo más exactamente posible el tipo y características de la fractura, para seguir el tratamiento más oportuno, que en principio ofrece dos posibilidades:
- Si se trata de una fractura limpia y sencilla, basta para su curación, inmovilidad absoluta durante unas cuatro semanas. La conocida venda de escayola utilizada en medicina humana, resulta demasiado pesada para el gato. Existen, sin embargo, alternativas más ligeras (plástico), utilizadas para este fin. Estas férulas se adaptan individualmente, sujetándose a la extremidad con ayuda de un vendaje. En este método de tratamiento es necesario vigilar el vendaje, y en caso preciso renovarlo.
- Sin embargo, en algunos casos no se puede lograr una inmovilización suficiente con ayuda de un vendaje. Entonces sólo queda practicar una operación quirúrgica, para mantener unidos y fijos mediante clavos, alambres o placas metálicas los huesos fracturados. En las fracturas tratadas por este procedimiento, puede resultar preciso mantener en reposo al gato durante el mayor tiempo posible, es decir, no dejarle salir en absoluto, e incluso mantenerle en una jaula, si fuera necesario. Las piezas metálicas, conocidas con el nombre de implantes, deben retirarse quirúrgicamente, una vez lograda la curación.
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