¿El Balón intragástrico es eficaz contra la obesidad?

El balón intragástrico se está extendiendo como una herramienta para luchar contra los kilos de más y por ello conviene aclarar sus verdaderas indicaciones.

Balon intragastrico

Balón intragástrico

En los últimos tiempos se ha extendido la idea de que el balón intragástrico es un solución rápida contra la obesidad, que se lo puede poner cualquiera y que sus resultados están asegurados. Es cierto que es una solución, pero con matices.

La Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad llama a la cautela y advierte que no es una opción generalizada. Hay quien piensa que es como someterse a una cirugía estética, con la que se pierde peso de forma sencilla, pero el perfil de quién puede colocárselo es muy concreto.

¿Para qué sirve en realidad?

El balón intragástrico (BIG) es un globo de silicona que se introduce en el estómago.
• La colocación. Se mete desinflado por la boca con endoscopia (sin intervención quirúrgica) y bajo sedación (sin anestesia). El balón se rellena con suero fisiológico y un colorante azul hasta alcanzar un volumen de entre 400 y 900 ce. El proceso, indoloro, dura una media hora.
• Los efectos. Al ocupar parte del estómago, el paciente tiene la sensación permanente de estar saciado, come menos y pierde peso. Este balón no puede permanecer más de 6 o 7 meses colocado, porque los ácidos del estómago lo dañan. Cuando se retira, por el mismo método, si el sujeto come igual que antes, el peso se recupera.
• Su misión es ayudar —mientras está puesto— a que el paciente adquiera hábitos alimenticios saludables, para lo que recibe asistencia de un endocrino y un psicólogo. Pero después ha de mantener por sí solo los nuevos hábitos, y practicar ejercicio. No se adelgaza sin esfuerzo.

Sólo para pacientes muy concretos

Por otro lado, no cualquiera debería colocarse un balón intragástrico. Hay que tener en cuenta varios aspectos:
• Si hay enfermedades asociadas al peso. Hay especialistas que apuntan que debe limitarse a aquellos pacientes obesos que sufren otras patologías ligadas a la obesidad (hipertensión, apnea del sueño, artrosis, etcétera) y solo tras haber intentado sin éxito todas las medidas habituales para perder peso (dieta, ejercicio y tratamiento farmacológico).
• Para aquellos casos de obesidad extrema. Está indicado de forma prioritaria en personas con una obesidad muy aguda que requieren perder peso rápidamente antes de someterse con menor riesgo a una intervención quirúrgica, ya sea de reducción de estómago o de otro tipo.
• Como toda técnica, tiene contraindicaciones. Nunca se debería colocar por razones únicamente estéticas ni en pacientes a los que les sobren menos de 15 o 20 kilos (el índice de masa corporal o IMG no puede ser inferior a 30). Tampoco si el candidato presenta hernia de hiato, úlcera de estómago o duodeno, enfermedad intestinal inflamatoria (gastritis, por ejemplo), trastornos como la bulimia o si ha sido ya operado del estómago.

Los límites de esta técnica

Hay que tener en cuenta sus efectos secundarios:
• Los más leves. Aunque el paciente se va a casa enseguida, es habitual que sufra náuseas, vómitos y dolor de estómago, así como estreñimiento o acidez.
• Los más serios. Aunque se den en un porcentaje bajo (1,5%), a veces hay complicaciones graves —úlceras, hemorragias, perforación gástrica o intestinal, etcétera— que requieren operar. También puede suceder, siendo igualmente raro, que el balón se deshinche. Cuando pasa, el colorante azul que contiene sale por la orina, avisando de ello. El balón desinflado se elimina con las heces (aunque podría obstruir el intestino) o es extraído por el médico.

La verdad sobre su éxito

Un reciente estudio sobre más de 700 pacientes del Hospital Universitario Madrid-Sanchinarro (uno de los que más balones ha puesto de Europa) muestra que casi todos los intervenidos superan con éxito la colocación del balón, que solo es retirado precozmente en el 4,3% de los casos por intolerancia psicológica o gastroparesia (el estómago tarda demasiado en vaciar su contenido) y con el que se pierden de media unos 23 kilos; también desvela que en el 46,9% de los pacientes mejoran las enfermedades asociadas a la obesidad que sufrían previamente. Pero en cuanto a su efectividad, hay todavía cierta polémica y algunos especialistas aseguran que faltan estudios a largo plazo, sobre si se recupera después el peso perdido. Hay médicos que afirman que a los 6 meses de retirar el balón, el 50% de los intervenidos recupera los kilos. Por ahora, solo lo coloca la sanidad privada y cuesta unos 5.000€.

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