Dos veces por semana, tendrá la posibilidad de tomar una buena comida, según la entienda usted, con toda libertad. Ojo, no es un «día de gala», sino una comida de gala. En estas dos comidas puede consumir cualquier tipo de alimento, en particular los que le han faltado en las dos primeras fases del régimen.
Organícese
La comida de gala puede ser indistintamente cualquiera de las dos principales del día, si bien mejor la cena para tener tiempo de aprovechar y evitar el estrés profesional ambiente que le impediría disfrutarla. Planifique la semana. Si le invitan, o si invita a amigos el fin de semana, sitúe la comida de gala en estos días de fiesta. No obstante, procure que estas dos comidas no estén demasiado cercanas en el tiempo…
Dos condiciones
Puede tomar de todo, pero:
• no repita;
• no tome nunca dos comidas de gala seguidas.
Intercale sistemáticamente una comida de la fase 3. Si por ejemplo ha elegido el martes al mediodía para la primera comida de gala, no puede tomar la segunda el martes por la noche. Puede tomar de todo, pues, pero en unidades:
• entrante
• plato principal
• postre o queso
• un vaso de vino
¿Chucrut? ¿Paella? ¿Pastel de chocolate? El menú es libre. Pero hay que tomarlo en unidades.
Ojo con el aperitivo: si ha bebido una copa de champán mientras charlaba, no podrá tomar vino durante la comida.
Sepa «cerrar la puerta» de una comida de gala
Contrariamente a lo que podría pensarse, el riesgo de estos momentos de placer no está en la composición de la comida en sí, sino en la de la comida siguiente. En efecto, con una cena de gala se abre la puerta a la libertad y se invita de nuevo al placer en la mesa. Las dificultades sobrevienen a menudo en la comida siguiente, cuando hay que volver a ceñirse el yugo de una cierta obligación. Lo más sencillo es recordar este comentario, anotarlo en una agenda para el día siguiente a la fiesta, a fin de adaptarse y volver sin problemas a la fase de consolidación.
¡Dése el gusto!
Estos dos menús libres facilitan también un aprendizaje del placer que hay que reeducar. Si, antes del régimen, usted tenía la costumbre de picotear mientras miraba la televisión, o de lanzarse de cabeza sobre un bote de crema para untar, estas dos comidas sirven para iniciarle en una forma muy distinta de placer. Saboree, mastique lentamente, tómese su tiempo y piense en lo que come. El placer y la glotonería son dos formas muy distintas de apreciar los alimentos. Aquí queremos abrir la puerta al placer, no a un modo desordenado de tragar la comida. A largo plazo, comer compulsivamente precipita inevitablemente el régimen en el fracaso.
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