Cambiar los hábitos y elegir bien los alimentos

Cuando encaramos un programa integral de reducción de grasa corporal, es fundamental aprender a reemplazar con inteligencia lo que usamos para alimentarnos o para gratificarnos. Para esto, unas premisas básicas son:
• Reducir las grasas de la alimentación: eliminar la manteca o margarina del pan, el queso de las comidas, reemplazar las frituras cocinando a la plancha o al vapor, aderezar las ensaladas con jugo de limón y nada o casi nada de aceite, no agregar cremas a las pastas, utilizar los cortes de carne más magros, y retirar la piel del pollo y del pavo.
• Elegir la versión reducida en grasas de los alimentos: por ejemplo, usar atún al agua en vez de al aceite, leche descremada, yogur dietético, margarina dietética, queso crema y mayonesa light. En algunos casos, después de un tiempo, las papilas gustativas y las vías intestinales se adaptan a una dieta baja en grasas, entonces las personas comienzan a rechazar una dieta con muchos lípidos, porque les produce indigestión y malestar estomacal. Cuando esto sucede podemos ver cómo nuestro cambio de hábito ya se ha incorporado a nuestro cuerpo y ya elegimos este estilo de vida diferente.
• Reducir la cantidad de azúcares simples refinados: no agregar azúcar al café, las frutas, los cereales, etcétera. En caso de que sea necesario, la podemos reemplazar con el asparta-mo o los edulcorantes artificiales. Elegir las gaseosas light. Eliminar de la dieta habitual las golosinas, los postres, los helados, las galletas, las frutas en almíbar, y dejarlos sólo para ocasiones especiales.
• Evitar el alcohol, porque tiene muchas calorías sin valor nutritivo.
• No saltearse ninguna comida, ayudando a veces con tentempiés a media mañana y a media tarde. Esto es porque comer incrementa el metabolismo y se queman más calorías. Un tentempié o colación debe ser algo liviano, sin gran aporte calórico pero que nos ayudará a llegar a las comidas principales con menos ansiedad.
• Debemos levantarnos de la mesa cuando ya nos sentimos satisfechos. Muchas veces en la sobremesa comemos por
aburrimiento, o para seguir conversando. En ese caso, puede seguirse una sobremesa habiendo levantado los platos, frente a tazas de té de manzanilla con edulcorante.
• Condimentar las comidas para hacerlas más sabrosas. Con hierbas (perejil, estragón, tomillo, laurel), condimentos aromáticos (cebolla, ajo, limón, vinagre), y especias varias (canela, curry, azafrán).
• Comer mucha verdura. Si es cruda, mejor: ofrece muchos minerales y vitaminas, aporta las calorías necesarias y tiene poder satisfactor.
Beber mucha agua, al menos dos litros diarios. Ayuda a eliminar los productos de desecho y los residuos de sal estancada en el cuerpo. Es ideal beber un vaso de agua antes de acostarse ya que diluye los ácidos úricos y otro por la mañana para combatir el estreñimiento.
• Comer medio pomelo o una naranja antes de la comida principal, o, en su defecto, un caramelo ácido. Está comprobado que disminuye la ansiedad y, por consiguiente, el hambre voraz.
• Evitar desquitarnos frente a la comida si estamos deprimidos o ansiosos. Mejor tomar un libro y una taza de té, hasta que nos sintamos mejor.
• Cambiar nuestros hábitos en pequeñas cosas: caminar más y tomar menos autobuses, comer más frutas que golosinas, tomar la escaleras en vez del ascensor.

 

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