Ansiedad por la comida

Aunque ningún tratado o estudio médico lo asegure, las mujeres sabemos que los nervios sí nos engordan. Cuando estamos más ansiosas por algo, la despensa es nuestro refugio. Pero podemos ponerle freno.

Comer tranquiliza

A ti, a nosotras y a todo el mundo porque con ello estamos asegurándonos “la supervivencia”. Pero en el caso de las mujeres debemos matizar esa afirmación. Hemos llegado a un punto en que esa calma nos dura bien poco. Hablarnos de comida es, para muchas, sinónimo de preocupación. Y, precisamente por eso, llega un momento en que intentamos compensarlo buscando en el picoteo a cualquier hora un momento de gusto y deleite. Y así vamos yendo del placer inmediato pero no duradero a la culpa, que puede durarnos horas. Una de las primeras medidas para romper este círculo es recuperar el control sobre lo que comes y, muy especialmente, sobre cómo lo tomas. Masticar despacio es fundamental para evitar la ansiedad por la comida (la del momento y la posterior). Pero hay más detalles que te pueden ayudar. Lee atentamente.

El plan perfecto existe

No cambies tus hábitos de golpe. Es una de las tentaciones más frecuentes cuando te enfadas contigo misma por no poder controlar la ansiedad. Pero no es el camino correcto porque, en poco tiempo, volverás a ver esa medida como un ataque. Elabora una lista con los hábitos que no te convienen y proponte — con verdaderas ganas — modificar uno cada semana.

No te eches las culpas

Tú no eres la responsable de esa situación, aunque la actitud de comer más de la cuenta o en momentos poco adecuados te esté llevando a ganar peso.

“El virus” de la ansiedad

Tras realizar “una alianza” contigo misma, debes ponerle cara y ojos a tu enemigo: la ansiedad. Y para ello imagínate que es algo ajeno a ti, como una especie de virus que te obliga a actuar como no deseas. Si lo haces, todo te resultará más fácil.

Establece “el día del picoteo”.

Puede ser el domingo porque tienes más vida social, el martes cuando dan tu serie preferida o el jueves que suele ser un día algo duro. Lo importante es que te des permiso para hacerlo (en unas cantidades lógicas pero más adecuadas de lo que solías tomar), y no de forma continuada sino en un momento y en un día establecidos.

¿Será una falta de minerales?

Revisa tus menús y si en los últimos meses has seguido una alimentación poco variada, no te extrañe que ahora tengas ansiedad. Pueden faltarte cromo y magnesio. Toma cereales integrales, frutos secos y vegetales de hoja verde.

Una emoción a la que puedes poner límite

Muchas de las situaciones que vivimos a lo largo de nuestra vida las percibimos como “amenazantes” aunque luego seamos capaces de pensar una estrategia para superarlas. Con la ansiedad por comer ese “temor” también está presente y puede deberse a dos factores.

Miedo a lo que no se controla

• A veces estamos inmersos en vivencias con un desenlace poco agradable pero no está en nuestra mano cambiarlas. Ocurre, por ejemplo, con el divorcio de una amiga o de un familiar cercano; que alguien allegado se haya quedado en paro, etcétera. La comida nos sirve de refugio.

Temor a comer… y a no hacerlo

• Comer es un auténtico placer, pero las mujeres que han hecho muchas dietas y siguen con un peso excesivo no lo suelen experimentar. Temen comer más de la cuenta por miedo a no adelgazar, pero al mismo tiempo tienen miedo a no poder comer lo que desean.