¿Qué es una dieta correcta?

Si seguimos fieles al principio de la termodinámica es lógico sostener que una dieta correcta y adecuada para luchar contra el sobrepeso o la obesidad tiene que basarse en un balance negativo de energía.

Es decir, que gastemos más, energéticamente hablando, de lo que ingerimos. Sólo así se puede ir eliminando ese almacén de reserva que supone la obesidad. La forma ideal tendría que basarse, por un lado, en una ingestión menos cuantiosa de alimentos especialmente de los más energéticos y, por otro lado, en ayudar al gasto del organismo con alguna actividad física no dura, pero sí constante.

Sirva ahora de recordatorio decir eso de que no hay obesidad sino obesos y que, por tanto, no puede existir una dieta común para todos los gordos.

Normalmente, hay que valorar por qué se está gordo y cuáles son los hábitos alimenticios del individuo. Es claro que a quien no le gusten las verduras le va a resultar muy difícil iniciar la comida diaria con un plato de acelgas. Porque otra de las cosas que se debe tener en cuenta a la hora de imponer y aceptar un régimen determinado es la variedad.

Es la única manera de que pueda seguirse el tiempo necesario sin caer ni en el aburrimiento, ni en la desesperación, ni en la monotonía. No podemos olvidar que los que tendemos a la obesidad, es porque nos gusta comer. Y tenemos la idea clara y el recuerdo reciente de que un cordero asado es mucho más sabroso que un filete a la plancha.

En cualquier caso, para que una dieta sea adecuada y correcta y sobre todo, logre el objetivo final tiene que cumplir varias condiciones. Y la primera, desde nuestro punto de vista, es que sea baja en calorías, de manera que inicie ese balance negativo del que habíamos hablado.

La ingestión de calorías debe estar por debajo de las que se calcula que se consumen con la actividad diaria. Por otra parte, y así lo indican todas las dietas de adelgazamiento serias, deben suprimirse todos aquellos elementos que aportan calorías vacías, es decir, que sólo aportan la caloria inútil o sólo la convertible en grasa, sin añadir nada positivo a la nutrición.

Es el caso, por ejemplo, del alcohol o de los azúcares refinados. También se dice en algún otro lugar de este libro, pero conviene repetirlo: aunque se esté a régimen, el aporte vitamínico sigue siendo necesario. El régimen, la dieta, lo único que nos prohibe es la ingestión de más calorías de las necesarias.

Pero el organismo necesita la misma cantidad de vitaminas y de minerales para continuar con su actividad normal. Y debe aportar, también, las proteínas suficientes como para que la regeneración del tejido pueda efectuarse con normalidad.